Érase una vez una linda cachorra en un mundo de humanos. Su nombre era África… antes de su nueva vida. Su mami estaba muy enferma porque había sido atropellada, y desde que África nació no podía pasar demasiado tiempo con ella. Nunca fue amamantada: le daban lechita tibia en un tetero. Era lo único que conocía, así que no había nada que extrañar. La belleza de la mente de los perros es su simpleza: viven en el presente, sin preguntas. Tenía siete hermanitos que nacieron con ella, pero su familia era aún más grande, pues vivían junto a muchos otros perritos con historias de calle. También tenía familiares de dos patas y sin pelitos, que siempre hablaban en un idioma extraño. Pero de tanto convivir con ellos, aprendió a leer sus expresiones. "Es muy gracioso cuántas caras pueden poner esos humanos. Y siempre usan telas sobre el cuerpo. Son muy raros de verdad… pero juegan conmigo y me traen comida" , pensaba África. Un día pasó algo muy raro. Nunca había conocido nada que no f...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas