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Donde el esfuerzo hizo luz

Hay objetos que se convierten en tótems. Amuletos que detienen el tiempo. Símbolos que contienen más de lo que la mirada alcanza. En mi caso, es una lámpara. Para muchos, apenas un artilugio que emite luz. Coqueta, sí. Pero para mí… es mucho más. Es el punto exacto en el que la recompensa finalmente equiparó al esfuerzo. La enciendo noche a noche, sabiendo que no sólo ilumina mi habitación, sino el camino nuevo que estoy aprendiendo a habitar. No costó mucho, al menos no en lo material… pero vaya… el esfuerzo, el tiempo, las horas de insomnio, la energía mental, las estrategias trazadas, la inversión invisible. Esta lámpara enciende algo más que un espacio. Enciende el orgullo de saberme, por fin, vista.
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Habitar-me

¿Cómo le explico a mi sistema nervioso que ya no tiene que estar en alerta? Que puede relajarse. Que puedo respirar. Que puedo celebrar-me. ¿Cómo le traduzco a mi cuerpo que todo el esfuerzo… sí valió la pena? Que se transformó en ganancia. Que el camino, aunque incierto, sí estaba siendo sostenido. Que Dios caminó a mi lado, incluso cuando dudé. Que nunca soltó mi mano. Que el universo (silencioso) ya había decidido a mi favor. ¿Cómo le explico a mi mente que puede recostarse… y mirar? Que no todo es empujar. Que no todo es resistir. Que los colores son más bonitos cuando hay paz. Que ha llegado el momento de cosechar. ¿Cómo le cuento a mis hombros que se pueden soltar? A mi mandíbula, que no hay nada que sostener. A mis ojos, que ya pueden descansar del llanto. Al encuentro con Morfeo, que no necesita ser interrumpido. Que las citas a las 3 a. m. con mi mente pueden finalmente parar. Es hora de salir del fake it until you make it… porque, después de tanto andar, es...

Desaparecer sin perderse

El amor es verbo. El amor es acción y servicio. Encontrar el amor implica desaparecer. Desapareces de la versión individual. Empiezas a expandirte en comunión. Reconoces el amor que habita en tu hermano. Empiezas a reconocer que la amistad, el romance, la fraternidad… son sólo otros nombres. Cuando reconoces que todas las criaturas portan el poder de su amor, motor de la vida, dejas de sentirte tan solo. Entonces dejas de separar. Entiendes que esta relación, la más importante, es individual e inevitable. Después que lo sientes, algo se mueve en ti. Ya no eres el mismo. Algo en ti cambia para siempre. Te vuelves más empático. Te permites ser más compasivo. Te conviertes en espejo. Te reconoces en los ojos de otros, en su dolor, en su tristeza, en su tribulación, pero también en el gozo. Reconoces que eres parte de algo infinito. El amor es verbo. El amor es acción y servicio. El amor se convierte en expansión. Y cuando te entregas… te expandes s...

Geografía de mis grietas

Observo este, mi reflejo. Detallo las grietas de mi humanidad. Identifico esas capas que no son tan brillantes. Son mis sombras. Reconozco cosas en las que debo trabajar. ¿Perfección? Totalmente ilusoria. Soy perfectamente imperfecta. Es en esas imperfecciones que me convierto en humana, que reconozco la humanidad en otros, que logro empatizar. Ahí, en esas sombras que veo en mí, consigo la continuidad de mi proyecto de vida. ¿Qué sería de mí de no ser por mis fallas? Es en la sombra en la que veo mi humanidad. En el silencio. En el llanto. En la fachada que se cae. En la debilidad. En la duda. Si tan solo me midiera por las veces en las que he triunfado, ¿en qué me convertiría? Son las batallas internas de las que nunca se hablan, de las que se recorren en silencio. Ese secreto de complicidad entre tú y el cielo. Es el pacto real. ¿Qué sería de mí si no viese mis sombras? Es un trago de humildad que me devuelve a la tierra. Es un espejo que me recuerda l...

Micromomentos: la bondad sin testigos

Estaba llegando a mi casa en Uber y vi cómo el sereno de mi edificio acompañaba del brazo a un anciano hacia su vehículo. No conocía la historia. No hacía falta. La escena gritaba sin gritar. En mi corazón se tradujo como bondad de la más pura, de la que no alza la voz, de la que no aparece en el periódico. No pude más que sonreír y decirle al chofer: “mira eso, es bondad”. Para que lo viera conmigo. El viejito se ayudaba con su bastón, dando pequeños pasos. El sereno, a su lado, paciente, regalando soporte, adaptándose al paso. Estos pequeños actos de bondad son para mí anclas. Pequeños milagros que ocurren cada día cuando nos abrimos y conectamos. Pequeños regalos que se abren ante nosotros cuando miramos el mundo con la curiosidad de un niño.

Un átomo en la molécula correcta

Acabo de cumplir 3 años en mi empleo, y quiero hacer una pausa consciente para detenerme a sentir lo que esto realmente significa. Este camino comenzó como respuesta a una búsqueda activa: un ejercicio de Ikigai. Era el momento de alinear mi pasión con mi misión, y permitir que ambas encontraran su lugar en lo profesional. Pocas cosas me hacen más feliz que ayudar, y es que, en el fondo, estamos destinados a hacerlo. Incluso a nivel biológico, el cerebro libera oxitocina, conocida como la hormona del amor. No es casualidad. Somos seres diseñados para conectar, y el cerebro, sabiamente, crea los mecanismos para que esto sea inevitable y, en cierta medida, hasta adictivo. Este trabajo es, ante todo, una forma de pertenecer a algo más grande que uno mismo: a un país, a sus comunidades, a quienes trabajan por un futuro más saludable. Es permitirte ser tocado, una y otra vez, en tu más íntima vulnerabilidad. Es preguntar desde la curiosidad y escuchar con intención. Es encontrarte con his...

Por sólo aparecer

He escrito mucho, mucho, sobre los lazos de sangre. Hoy quiero tomarme un momento para escribir sobre otros lazos. Esa familia que eliges. Desde los valores. Desde el saber escuchar. Desde el dejarte ser… incluso en tu peor versión, a veces. Los que nunca te sueltan. Los amigos, que son compañía consciente. Selecta. Son pocos, pero fieles. Reconocen y permanecen. Acompañan. No necesitan poses. No necesitan cordialidad. Aparecen sin permiso… y también desaparecen sin permiso. Porque es el vínculo más libre. Incluso ahora, en estas versiones nuevas que apenas estoy descubriendo. Son alianzas que se tejen desde la belleza del dejar ser. Desde la admiración mutua. Desde la música. Desde el chiste. Desde la ligereza. Estoy profundamente agradecida por los hermanos que me regaló el camino. Son pocos, pero se hacen sentir. Presentes. Constantes. Sin caretas. Los amo. No se los digo lo suficiente. Les agradezco. No saben cuántas veces me han sosteni...