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Micromomentos: la bondad sin testigos

Estaba llegando a mi casa en Uber
y vi cómo el sereno de mi edificio
acompañaba del brazo a un anciano
hacia su vehículo.

No conocía la historia.
No hacía falta.

La escena gritaba sin gritar.

En mi corazón se tradujo
como bondad de la más pura,
de la que no alza la voz,
de la que no aparece en el periódico.

No pude más que sonreír
y decirle al chofer:
“mira eso, es bondad”.

Para que lo viera conmigo.

El viejito se ayudaba con su bastón,
dando pequeños pasos.

El sereno, a su lado, paciente,
regalando soporte,
adaptándose al paso.

Estos pequeños actos de bondad
son para mí anclas.

Pequeños milagros
que ocurren cada día
cuando nos abrimos
y conectamos.

Pequeños regalos
que se abren ante nosotros
cuando miramos el mundo
con la curiosidad de un niño.

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