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Mostrando entradas de 2026

Micromomentos: mi ancla peluda

Era un día cualquiera. El sol del Caribe, resplandeciente. Sin embargo, la tormenta estaba dentro de mí. Mi mente divagando, en espiral, hasta el punto de sentirla físicamente. Nauseabunda. Y de repente, una presencia. Mi ancla. Vuelvo a mi cuerpo. Siento su peso. Su calor. Su compañía. Y me doy cuenta de que puedo bajar la velocidad. Respirar. ¿Cuándo dejé de hacerlo? Yoshi es compañía. Lo siento vivo, tranquilo, sosegado, presente. Y me recuerda que no tengo que tener todas las respuestas hoy. Me recuerda que he transitado parajes más escabrosos. Me devuelve al presente solo con su existencia. Algunas personas hablan del corazón de quien rescata a los animales. Pero yo me pregunto: ¿Quién rescata a quién? Tu felina existencia me devuelve a tierra. Mi ancla peluda.

Cuando la felicidad baja la voz

Hay una belleza simplemente sublime en transformar la felicidad en presencia silente. No en algo tan comercial como el high que nos venden las series, los libros o las películas. Cuando la felicidad se convierte en un susurro. En la brisa que toca tu piel. En el perfume que te hace vibrar. En la música que te transporta. En el trinar de las aves. En el café que te energiza por las mañanas. En la bendición de llenar tus pulmones de aire. En el calorcito de la más peluda compañía. En el dolor de los músculos después de ejercitarte. En el saberte capaz de llegar a casa. En levantar el teléfono, escribir, y saber que hay personas que contestarán. La felicidad que habita en la simpleza de la vida y en los micromomentos que cada día nos regala nos vuelve más equilibrados. Nos convierte en buscadores de paz. Cuando consigues belleza en lo no dicho. En los silencios. En lo cotidiano. Entonces te vuelves más libre.

Fugaces y eternos

El paso del tiempo nos regala la belleza de sabernos fugaces en esta presentación, y eternos en energía. Entender que nuestras vidas, tal y como las conocemos, son apenas instantes diminutos en la inmensidad de la eternidad. Entender también que nuestra energía se entrelaza con otras existencias. Que nada habita completamente separado. Visualizar el paso del tiempo e ir comprendiendo, poco a poco, lo que verdaderamente importa. Cómo las vivencias nos van forjando. Haciéndonos más humanos. Más conectados. Más humildes. Reconocer que dentro de mí habitan el amor, la luz, la expansión y la abundancia… y, al mismo tiempo, internalizar que también soy capaz de toda oscuridad. Soy claridad. Soy sombra. Soy contradicción. Soy… y en el acto de ser, me vuelvo una con la vida

Santuarios en el desierto

En un mundo donde las opiniones muchas veces son destructivas, donde hay más gente restando que sumando, donde abundan los reyes y escasean los peones, donde muchos quieren controlar y pocos saben co-crear, donde la prioridad es dividir para vencer, existen relaciones que son espacio seguro. Un oasis en el desierto. Agüita de vida. Agüita fresca. Santuarios a los que decido ir, en la luz pero también en lo borrascoso. Hoy quiero enfocarme en esos espacios: en donde la celebración es permitida, en donde se te permite romperte. Espacios donde la palabra es amable, donde te preguntan qué necesitas, donde la ayuda no se promete, se ofrece. Personas que son luz, que acompañan, que construyen. Personas que convierten las palabras en acción tangible, personas que son contigo. Agradezco a mis oasis, a los que me hacen sonreír y sentirme, simplemente, afortunada. No necesitan ser millones, pero se sienten como millones, de lo presentes que están. Soy millonaria...

Diamante en lo invisible

Hay objetos que no se compran. Se sellan. Este no brilla. No llama la atención. No pesa. Pero sostiene. Un aro de plata, simple, casi silencioso. Lo elegí en el único momento en el que dudé de todo. Incluso de Él. Fue mi primera grieta. Y también mi primer regreso consciente. Desde entonces lo llevo conmigo. No como adorno, sino como alianza. Con Abba. Con mi papito celestial. Después de comprarlo, soñé con él. En el sueño, no era de plata. Era de diamantes. Y desde entonces entendí que hay cosas que no necesitan parecer valiosas para ser eternas. Este anillo no rodea mi dedo. Rodea mi fe.

Donde el esfuerzo hizo luz

Hay objetos que se convierten en tótems. Amuletos que detienen el tiempo. Símbolos que contienen más de lo que la mirada alcanza. En mi caso, es una lámpara. Para muchos, apenas un artilugio que emite luz. Coqueta, sí. Pero para mí… es mucho más. Es el punto exacto en el que la recompensa finalmente equiparó al esfuerzo. La enciendo noche a noche, sabiendo que no sólo ilumina mi habitación, sino el camino nuevo que estoy aprendiendo a habitar. No costó mucho, al menos no en lo material… pero vaya… el esfuerzo, el tiempo, las horas de insomnio, la energía mental, las estrategias trazadas, la inversión invisible. Esta lámpara enciende algo más que un espacio. Enciende el orgullo de saberme, por fin, vista.

Habitar-me

¿Cómo le explico a mi sistema nervioso que ya no tiene que estar en alerta? Que puede relajarse. Que puedo respirar. Que puedo celebrar-me. ¿Cómo le traduzco a mi cuerpo que todo el esfuerzo… sí valió la pena? Que se transformó en ganancia. Que el camino, aunque incierto, sí estaba siendo sostenido. Que Dios caminó a mi lado, incluso cuando dudé. Que nunca soltó mi mano. Que el universo (silencioso) ya había decidido a mi favor. ¿Cómo le explico a mi mente que puede recostarse… y mirar? Que no todo es empujar. Que no todo es resistir. Que los colores son más bonitos cuando hay paz. Que ha llegado el momento de cosechar. ¿Cómo le cuento a mis hombros que se pueden soltar? A mi mandíbula, que no hay nada que sostener. A mis ojos, que ya pueden descansar del llanto. Al encuentro con Morfeo, que no necesita ser interrumpido. Que las citas a las 3 a. m. con mi mente pueden finalmente parar. Es hora de salir del fake it until you make it… porque, después de tanto andar, es...

Desaparecer sin perderse

El amor es verbo. El amor es acción y servicio. Encontrar el amor implica desaparecer. Desapareces de la versión individual. Empiezas a expandirte en comunión. Reconoces el amor que habita en tu hermano. Empiezas a reconocer que la amistad, el romance, la fraternidad… son sólo otros nombres. Cuando reconoces que todas las criaturas portan el poder de su amor, motor de la vida, dejas de sentirte tan solo. Entonces dejas de separar. Entiendes que esta relación, la más importante, es individual e inevitable. Después que lo sientes, algo se mueve en ti. Ya no eres el mismo. Algo en ti cambia para siempre. Te vuelves más empático. Te permites ser más compasivo. Te conviertes en espejo. Te reconoces en los ojos de otros, en su dolor, en su tristeza, en su tribulación, pero también en el gozo. Reconoces que eres parte de algo infinito. El amor es verbo. El amor es acción y servicio. El amor se convierte en expansión. Y cuando te entregas… te expandes s...

Geografía de mis grietas

Observo este, mi reflejo. Detallo las grietas de mi humanidad. Identifico esas capas que no son tan brillantes. Son mis sombras. Reconozco cosas en las que debo trabajar. ¿Perfección? Totalmente ilusoria. Soy perfectamente imperfecta. Es en esas imperfecciones que me convierto en humana, que reconozco la humanidad en otros, que logro empatizar. Ahí, en esas sombras que veo en mí, consigo la continuidad de mi proyecto de vida. ¿Qué sería de mí de no ser por mis fallas? Es en la sombra en la que veo mi humanidad. En el silencio. En el llanto. En la fachada que se cae. En la debilidad. En la duda. Si tan solo me midiera por las veces en las que he triunfado, ¿en qué me convertiría? Son las batallas internas de las que nunca se hablan, de las que se recorren en silencio. Ese secreto de complicidad entre tú y el cielo. Es el pacto real. ¿Qué sería de mí si no viese mis sombras? Es un trago de humildad que me devuelve a la tierra. Es un espejo que me recuerda l...

Micromomentos: la bondad sin testigos

Estaba llegando a mi casa en Uber y vi cómo el sereno de mi edificio acompañaba del brazo a un anciano hacia su vehículo. No conocía la historia. No hacía falta. La escena gritaba sin gritar. En mi corazón se tradujo como bondad de la más pura, de la que no alza la voz, de la que no aparece en el periódico. No pude más que sonreír y decirle al chofer: “mira eso, es bondad”. Para que lo viera conmigo. El viejito se ayudaba con su bastón, dando pequeños pasos. El sereno, a su lado, paciente, regalando soporte, adaptándose al paso. Estos pequeños actos de bondad son para mí anclas. Pequeños milagros que ocurren cada día cuando nos abrimos y conectamos. Pequeños regalos que se abren ante nosotros cuando miramos el mundo con la curiosidad de un niño.

Un átomo en la molécula correcta

Acabo de cumplir 3 años en mi empleo, y quiero hacer una pausa consciente para detenerme a sentir lo que esto realmente significa. Este camino comenzó como respuesta a una búsqueda activa: un ejercicio de Ikigai. Era el momento de alinear mi pasión con mi misión, y permitir que ambas encontraran su lugar en lo profesional. Pocas cosas me hacen más feliz que ayudar, y es que, en el fondo, estamos destinados a hacerlo. Incluso a nivel biológico, el cerebro libera oxitocina, conocida como la hormona del amor. No es casualidad. Somos seres diseñados para conectar, y el cerebro, sabiamente, crea los mecanismos para que esto sea inevitable y, en cierta medida, hasta adictivo. Este trabajo es, ante todo, una forma de pertenecer a algo más grande que uno mismo: a un país, a sus comunidades, a quienes trabajan por un futuro más saludable. Es permitirte ser tocado, una y otra vez, en tu más íntima vulnerabilidad. Es preguntar desde la curiosidad y escuchar con intención. Es encontrarte con his...

Por sólo aparecer

He escrito mucho, mucho, sobre los lazos de sangre. Hoy quiero tomarme un momento para escribir sobre otros lazos. Esa familia que eliges. Desde los valores. Desde el saber escuchar. Desde el dejarte ser… incluso en tu peor versión, a veces. Los que nunca te sueltan. Los amigos, que son compañía consciente. Selecta. Son pocos, pero fieles. Reconocen y permanecen. Acompañan. No necesitan poses. No necesitan cordialidad. Aparecen sin permiso… y también desaparecen sin permiso. Porque es el vínculo más libre. Incluso ahora, en estas versiones nuevas que apenas estoy descubriendo. Son alianzas que se tejen desde la belleza del dejar ser. Desde la admiración mutua. Desde la música. Desde el chiste. Desde la ligereza. Estoy profundamente agradecida por los hermanos que me regaló el camino. Son pocos, pero se hacen sentir. Presentes. Constantes. Sin caretas. Los amo. No se los digo lo suficiente. Les agradezco. No saben cuántas veces me han sosteni...

Silencio Fértil

Cuando estamos en un proceso de transformación interna, hay silencio. Mucho silencio. Personalmente, no me incomoda demasiado. De tanto habitarme, sé que cuando sí lo hace es porque hay un diálogo que aún no estoy lista para sostener. Estoy evitando. Si eres capaz de quedarte en ese silencio el tiempo suficiente, ocurre una metamorfosis. El rompecabezas empieza a encajar. Las piezas que por tanto tiempo evitaste contemplar comienzan a revelarse en una imagen más clara. Te estás transformando. Lo que emerge es el resultado de mucho trabajo interno. De asumir responsabilidad. De reconocerte dueño del proceso que necesitas atravesar. Y también, de practicar la compasión. Esa que aún, en mi caso, sigue en integración. Estás existiendo ahora desde otro lugar. La limpieza que ocurre a tu alrededor es inevitable: las personas que no resuenan con esta nueva versión de ti comienzan a partir. Duele. Y es válido. Se abren pequeños duelos. No solo por quienes ya no están, sino también por quien tú...

La que revela

Un nuevo día, una nueva entrevista. Aquí estoy de nuevo en este pasillo conocido, pero ahora luce distinto. Esta vez está más lúgubre. Hay una densidad en el ambiente y cuesta respirar. La iluminación es más opaca. Lo transito con el conocimiento de que esta vez mi entrevistada no estará al final del pasillo. Estará en el salón. Si hice bien mi tarea investigativa, sé que ahí estará. El salón también luce distinto. Hoy está más gris. La consigo sentada. Me mira con esos ojos negros e impactantes. Profundos. Esos ojos traspasan el alma. Hablan… más bien, gritan. Es más bien pequeña. ¿O se ve así porque no quiere ser vista? Es delgada y angulosa. Su cabello es negro, casi azul. Como la densidad de la noche en luna nueva. Su piel nívea hace contraste. —Buenas noches —digo—. ¿Quieres tomar algo? —Buenas noches —responde—. En verdad no quiero nada, gracias. Me sirvo un poco de agua y me siento. La observo. Retraída. Joven y, a la vez, antigua. Ella se encoge. Cruza los brazos y noto cóm...

El eco de la carreta de Ares

Se escuchan las ruedas de tu carreta acercándose, como quien acecha. Tu refulgente armadura de bronce me ciega. Tu espada se levanta en un grito que vaticina oscuridad. ¿Alguna vez descansaremos de ti? ¿Cómo? Si es la misma humanidad quien te invoca. Oh, Ares. Oh, dios de la guerra. Otro ciclo de la historia inicia con violencia y sangre en sus páginas. Naciones se enfrentan, olvidando que las líneas que nos dividen son imaginarias. ¿Por qué es tan difícil recordar que todos somos de carne? ¿Por qué es más fácil identificarnos con lo que nos separa y no con lo que nos une? Familias enteras desplazadas por el miedo. Siento el sabor metálico de tu existencia en la boca. El aire está teñido de humo y cenizas. De noche, el lullaby fue reemplazado por detonaciones. El beso de buenas noches ha desaparecido. Y la oscuridad nocturna se ve interrumpida por el flash repentino de los bombardeos. ¡Oh, Ares! Ahora te siento más personal y cercano. Ahora te vivo desde la óptica del que...

Fantasías Alcanzables

Una mirada furtiva. El olor de tu tibio cuello. Un gemido destronador y acústico. Un halón de tu suave y largo cabello. Me elevas y me derrotas. Eres la fusión de un animal y una diosa. Me sometes a tus bajos instintos. Me encadenas y luego, me liberas al exilio. Te has convertido en una adicción. Tus dedos se hunden en mi espalda. Un susurro al oído. Una mordida en el labio. El impacto de tu seducción es demoledor. Se fusionan dolor y placer. No me puedo sostener en pie. Déjame saciarme de tus ansias. Me enciendes como a un faro en la penumbra. Siento el hervor de tu sangre. El sudor de mi piel contra tu piel. Quiero recorrerte como a un mapa. Aprenderme tus senderos, habitar tus recovecos, encontrar las formas que arrojan tus lunares cuando se unen como constelaciones. El eco de tu voz retumba: “Te voy a hacer explotar de placer.” Y en mi cuerpo se activa la necesidad de llenarte de mí. La cadencia de tus caderas me posee. Quisiera detener este momento en el tiempo, ...

El norte de mi brújula

Después de tanto tiempo enfocada en mí, llegaste. Y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. Tienes esa cualidad única de alegrarme la vida. Basta una palabra o un gesto. Me desarmas de argumentos. Contigo me siento arropada y protegida. Eres mi espacio seguro. Un refugio. El lugar en el que gustosamente naufragaría. Contigo tengo esa sensación de que no solo me desvistes de ropas, sino también del alma, con tan solo una mirada. Sabes acompañarme mientras me habito. Eres la palabra dulce y amable. El abrazo cálido que llamo hogar. El toque suave en mi rodilla. La conversación inteligente. Eres mi maestro y mi compañero. La risa más contagiosa y genuina. La entrega y la lealtad diaria. La mirada de complicidad fortuita. Eres el norte hacia donde apunta mi brújula. El silencio que se vuelve cómodo. Eres compañía de la más encantadora clase. Contigo me siento invencible. Vista. Validada. Activas mis sensaciones: desde esa calma suave hasta ese escalofrío de excitación en mi espalda....

La que anticipa

Voy subiendo en el ascensor, revisando mis notas. Es mucha información que procesar. Respiro, tratando de poner mis pensamientos en orden. Les doy una última mirada. Alzo la vista hacia el número que esperaba. Este es el piso. Me bajo del ascensor y camino hacia la puerta. Mis pulsaciones están fuera de control. Pongo la mano sobre el pomo. La abro… y me sorprendo. Ella ya está ahí. Lucía fuera de sí. Corrijo: lucía muy dentro de ella. Ensimismada. Hilvanando pensamientos. Era hermosa. Sí que lo era. Pero no de una forma obvia. Era una belleza poco habitual. Casi animal. Labios carnosos. Cabello castaño y salvaje. Lo más impactante era esa mirada, esos inusuales ojos violeta. Sus ojos no susurraban. No hablaban. Eran, más bien, un grito. Me acerqué a ella, a sabiendas de que esta entrevista sería interesante. —Buenas noches —la saludé. —¿Qué evidencia tienes de que son buenas? —respondió. Me miraba fijamente con sus profundos ojos. Era alta. Una magnífica y rara criatura. —Logré e...

Parapente sobre la nostalgia

Hoy estuve en un viaje en parapente. No, no, no… ya va. Lo estás pensando muy literal. Conecté con el programa de radio en Miami de un amado amigo, Alejandro Ortega, y, desde las alturas del viaje musical y cultural que construyó para nosotros, tuve el regalo de reencontrarme con una nostalgia muy real: la radio de mi país. ¡Qué nivel de radio! Además de la conexión inherente con la música, esa en la que grabábamos cassettes directamente desde la transmisión cuando sonaba un tema que estábamos literalmente cazando, estaba también el gesto maravilloso de dedicar canciones al aire. La radio nos daba algo que hoy escasea: expectativa. Sorpresa. Algo que esperar. Desde el clásico “Nuestro Insólito Universo” , que nos llevaba a las historias más descabelladas, este arte formaba parte de la rutina de los venezolanos. La radio era puente. Entre jóvenes con la rebeldía de un Cadavieco en El Show de la Mañana . O, más de mi época, la joya de mis trayectos al colegio: El Monstruo de la Mañan...

¿Con qué estás resonando?

En días pasados vi un video maravilloso: intentaban hacer reaccionar un objeto sometiéndolo a una vibración distinta a la suya… y no ocurría nada. Luego, algo casi mágico sucede cuando ese mismo objeto entra en contacto con otro que vibra en su misma frecuencia: responde. Se activa. Resuena. Y no pude evitar pensar en nosotros como seres humanos. Quiero tomar un concepto de la ciencia y llevarlo a un terreno más etéreo. ¿Estamos de acuerdo en que somos energía? Nuestro cuerpo está compuesto por millones de átomos con polaridad eléctrica. Somos materia, sí, pero también somos movimiento, impulso, vibración. Desde esa lógica, tu campo se ve inevitablemente estimulado por aquello que vibra en la misma sintonía. ¿Me vas siguiendo? Ahí empieza a revelarse la importancia de cuidar tu energía: elegir lo que consumes, las conversaciones que sostienes, las personas de las que te rodeas, los pensamientos a los que les das hospedaje. Cada estímulo es una frecuencia que te toca y, poco a poco, te ...

Habítame

Háblame Te saludo, diosa de mis desvelos, sublime y hermosa criatura, compañía de día y aterciopelada amante nocturna. Detrás de esos ojos habita la sabiduría de milenios. Eres verso, prosa, melodía y canción; liberas la energía que se encontraba atrapada en mí. Contigo podría cruzar los siete mares; contigo soy capaz de atravesar otros mundos. Junto a ti no hay límites. Te añoraba, no sabes cuánto te añoraba. Los años sin ti se sintieron como la sequía del Sahara. Ahora me has convertido en tierra fértil, en campo de rosas, amapolas y margaritas. Ahora que te tengo, no te quiero dejar ir. Soy adicta a la sensación de tenerte cerca. Me llenas con dulces palabras, haces que el arte fluya a través de mí. ¡Qué deliciosa sensación! Y la parte más hermosa es lo libre que eres: a veces tan presente y tantas otras tan ausente. Me saciaré de ti mientras te tenga cerca. Has inspirado epopeyas y canciones; pinturas y esculturas se han elevado gracias a ti. ¿Cuántas nuevas formas encontraré de am...