Era un día cualquiera. El sol del Caribe, resplandeciente. Sin embargo, la tormenta estaba dentro de mí. Mi mente divagando, en espiral, hasta el punto de sentirla físicamente. Nauseabunda. Y de repente, una presencia. Mi ancla. Vuelvo a mi cuerpo. Siento su peso. Su calor. Su compañía. Y me doy cuenta de que puedo bajar la velocidad. Respirar. ¿Cuándo dejé de hacerlo? Yoshi es compañía. Lo siento vivo, tranquilo, sosegado, presente. Y me recuerda que no tengo que tener todas las respuestas hoy. Me recuerda que he transitado parajes más escabrosos. Me devuelve al presente solo con su existencia. Algunas personas hablan del corazón de quien rescata a los animales. Pero yo me pregunto: ¿Quién rescata a quién? Tu felina existencia me devuelve a tierra. Mi ancla peluda.
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas