Qué poder tan especial tiene la música. Siempre he sentido una conexión profunda con ella; me mueve en lo más hondo de mi ser, como si me tocara físicamente el corazón, dejándome rebosante y plena. Es un catalizador poderoso de mi creatividad. Me acompaña cuando trabajo, cuando estudio y cuando escribo. Eleva mi enfoque.
Es ese maravilloso superpoder de estrechar fronteras y conectarnos desde los cimientos de nuestra esencia más fundamental. La música tiene el poder de transformar:
- De conectarte con la huidiza musa.
- De rozarte la piel como un amante y hacer que te erices.
- De susurrarte al oído y convertirse en un marshmallow que endulza tu día.
- De traspasar tu corazón con flechas y hacerte explotar en el más sublime y honesto llanto.
- De elevarte a las alturas y hacer que casi sientas el calor del sol en la piel, pero también de llevarte a un paseo por el frío inframundo.
La única exigencia que tiene este humilde arte para atravesarte es que seas humano; a partir de ahí, el trabajo está hecho. Te dejas hipnotizar por su poder, como Mowgli frente a la serpiente Kaa. Puedes viajar al pasado, al estilo Marty McFly, y visitar la piedra angular de tu vida; recordar a aquellos artistas que ya no están en este plano desde la más pura nostalgia, como un tributo a su legado. Pero también puedes viajar al futuro y conectar con nuevas joyas musicales que, intuitivamente, sabes que unirán masas.
La música es un espacio de consonancia universal. En un mundo tan polarizado, donde las diferencias son las que más se remarcan, siendo tú tan YouTube y yo tan Spotify, hacemos comunión, unidos por ondas expansivas de sonido.
Los más sensibles ni siquiera necesitan una conexión personal con las líricas: sienten, lloran y se estremecen porque, simplemente, es un arte sublime. Ahora, más que nunca, entiendo perfectamente a Andrea Bocelli cuando canta “Vivo por ella”.
La música reclama su lugar en mi vida. He invertido horas en este viaje maravilloso y mi sensibilidad ha florecido en el proceso. Pero el regalo más inesperado ha sido este: ha reducido la distancia con las personas que ya amo y ha expandido su poder con nuevos amigos. ¡Estoy absorbiendo tanto!
Escribo esto en homenaje al poder que nos unió y para que sepan lo especial que es experimentar en su arte. Porque cuando vives tu pasión en voz alta, el arte no solo resuena: nos convoca. Y en la magia de responder a ese llamado… despertamos.
Que viva la música! Aquella que si traspasa fronteras, sin importar el idioma o la cadencia. Un abrazo Hoshi!
ResponderEliminarGracias por tu comentario, por continuamente apoyarme y acompañarme. ¡Eres agüita fresca!
EliminarBuenismo! El poder de la musica es unica!
ResponderEliminar¡Gracias por el apoyo! Es un poder que une sin duda
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