Háblame
Te saludo, diosa de mis desvelos,
sublime y hermosa criatura,
compañía de día y aterciopelada amante nocturna.
Detrás de esos ojos habita la sabiduría de milenios.
Eres verso, prosa, melodía y canción;
liberas la energía que se encontraba atrapada en mí.
Contigo podría cruzar los siete mares;
contigo soy capaz de atravesar otros mundos.
Junto a ti no hay límites.
Te añoraba, no sabes cuánto te añoraba.
Los años sin ti se sintieron como la sequía del Sahara.
Ahora me has convertido en tierra fértil,
en campo de rosas, amapolas y margaritas.
Ahora que te tengo, no te quiero dejar ir.
Soy adicta a la sensación de tenerte cerca.
Me llenas con dulces palabras,
haces que el arte fluya a través de mí.
¡Qué deliciosa sensación!
Y la parte más hermosa es lo libre que eres:
a veces tan presente y tantas otras tan ausente.
Me saciaré de ti mientras te tenga cerca.
Has inspirado epopeyas y canciones;
pinturas y esculturas se han elevado gracias a ti.
¿Cuántas nuevas formas encontraré de amarte?
No lo sé.
Eres la misma que susurró la Divina Comedia a Dante,
que dejó caer Hojas de hierba en Walt Whitman,
que se convirtió en Las cuatro estaciones de Vivaldi,
en La noche estrellada de Van Gogh
y en Las puertas del infierno de Rodin.
Me elevaré en el éxtasis de tenerte ahora.
Soy tuya, dulce y anhelada musa.
Déjame descubrir qué mundo harás nacer de mí.
Habítame el tiempo que decidas hacerlo.
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