En un mundo donde las opiniones muchas veces son destructivas, donde hay más gente restando que sumando, donde abundan los reyes y escasean los peones, donde muchos quieren controlar y pocos saben co-crear, donde la prioridad es dividir para vencer, existen relaciones que son espacio seguro. Un oasis en el desierto. Agüita de vida. Agüita fresca. Santuarios a los que decido ir, en la luz pero también en lo borrascoso. Hoy quiero enfocarme en esos espacios: en donde la celebración es permitida, en donde se te permite romperte. Espacios donde la palabra es amable, donde te preguntan qué necesitas, donde la ayuda no se promete, se ofrece. Personas que son luz, que acompañan, que construyen. Personas que convierten las palabras en acción tangible, personas que son contigo. Agradezco a mis oasis, a los que me hacen sonreír y sentirme, simplemente, afortunada. No necesitan ser millones, pero se sienten como millones, de lo presentes que están. Soy millonaria...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas