Era un día cualquiera.
El sol del Caribe, resplandeciente.
Sin embargo,
la tormenta estaba dentro de mí.
Mi mente divagando,
en espiral,
hasta el punto de sentirla
físicamente.
Nauseabunda.
Y de repente,
una presencia.
Mi ancla.
Vuelvo a mi cuerpo.
Siento su peso.
Su calor.
Su compañía.
Y me doy cuenta
de que puedo bajar la velocidad.
Respirar.
¿Cuándo dejé de hacerlo?
Yoshi es compañía.
Lo siento
vivo,
tranquilo,
sosegado,
presente.
Y me recuerda
que no tengo que tener todas las respuestas hoy.
Me recuerda
que he transitado parajes más escabrosos.
Me devuelve al presente
solo con su existencia.
Algunas personas hablan del corazón de quien rescata a los animales.
Pero yo me pregunto:
¿Quién rescata a quién?
Tu felina existencia me devuelve a tierra.
Mi ancla peluda.
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