Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2026

Micromomentos: Presentarse al mundo

Hace algunos días asistí como oyente a una charla comunitaria. El público eran mujeres migrantes. Poblaciones altamente vulnerables. Comunidades con problemas de hacinamiento, basura, escasez de agua, servicio eléctrico informal e inestable, carretera de tierra. Pero algo enorme captó mi atención. Observé con cuidado a cada invitada con sus hijos. Noté que se tomaron el tiempo para arreglarse ellas y a sus bebés. Vi un hermoso desfile de colores. Vestidos. Peinados hechos con dedicación. Algunas cuando vieron que llegamos, agarraron a sus hijos para volver totalmente renovados. Estas mujeres eligieron conscientemente presentarse a ellas mismas y a sus bebés con intención. Una especie de orgullo. Y esto me recordó algo que a veces olvidamos: existe dignidad dentro de la vulnerabilidad.  

Los días sencillos

Hace unos pocos días abracé a mi hermana en un aeropuerto, después de días de reír, de llorar, de comer, de hablar, de disfrutar una película, de volver a comer, de mucho café, de cocinar, días sencillos de compartir rutina. Al final, al menos para mí, creo que es más especial que el típico escenario de turismo, porque aprecias los detalles sin perderte en el entorno. Unos rulitos dorados, unos ojos café, unas piernas fuertes, una mente brillante, un corazón sensible, una voz en plena transformación. Un abrazo puede mover algo en ti. Puede poner piezas en su lugar. Revelar la profundidad de un lazo. Dejar un dolor físico en el pecho. Dar una sensación de frío. Entender cuánto amas a alguien. Desde la protección, desde la complicidad, desde lo que no se le dice a nadie. Recuerdo ese abrazo y lloro. No porque no ame la vida  que he construido para mí, porque ¡vaya que la amo!, sino porque significa que dejaré, temporalmente, de ver cómo te transformas, mi pequeña mariposa. La vi de o...

Las manos que sostuvieron

Retumba la vía con el sonido de decenas de motores. Elevan la voz. Se convierten en acción. Llevan a cuestas agua, alimentos. Cosas que, generalmente, damos por sentado. No lo pensaron dos veces. Son nuestros venezolanos de a pie, preparados para remover la tierra, para reencontrarse con la vida en la más oscura de las horas. Este espíritu no sólo habita en ellos. Está en la señora que preparó sanduchitos para los rescatistas. En el joven que recibió damnificados en su casa. En los humanitarios que, sacudiéndose el dolor, se abocaron al servicio. En la familia que adoptó un perrito huérfano, regalándole un segundo hogar. En el enfermero que recaudó material médico por su cuenta y viajó a Tucacas, porque allá no estaba llegando tanta ayuda. En la mujer que detuvo todo y se entregó a liderar un centro de acopio. En la vecina que regaló agua aun cuando estaba en duelo. En el esposo que dijo: "Yo también puedo sacar personas." A pesar de que había perdido a todos los suyos. En el...