No sé qué será de mí. Mi garganta duele. Tengo sed. Se escucha un rasgar. No quiero ni respirar. Empieza a caer tierrita. Un rayo de luz lastima mi pupila. Más luz. Más luz. Y aparece arriba, la carita de la más jadeante esperanza. Su perruna existencia no sabe de horas, no conoce de especies. Tiene una misión. Va de lugar en lugar. Se escabulle en agujeros. Escarba. Olfatea. No soy el primero sé que tampoco seré el último. Cuatro patas de las que penden vidas. Y en las pantallas de todos, un Tsunami que salva vidas se convirtió en un símbolo. Mientras él sólo olfatea y busca.
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas