Una llama pulsa con el viento
refleja sombras en la pared
llora una vela
rodilla en tierra
solloza el alma
se eleva una plegaria.
Esta vela no es la única.
Hay 8 millones de luces
en distintos husos horarios
que hacen comunión con
las otras tantas que se quedaron.
Taquicardia,
garganta seca.
Silencio.
Tanto silencio.
Un símbolo de un duelo colectivo
que alberga los nombres
de los miles de caídos.
No tienen rostros.
No son familia.
No son amigos.
Pero así se sienten.
Y en un instante descubrimos
que sangramos tricolor.
Desaparecen el origen,
la ideología,
el tono de piel,
las posesiones,
los logros.
Volvemos a la base.
Nos duele el humano.
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