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El arte del que acompaña

5 minutos en la negación,

una hora en la ira

repita,

enjuague,

pique pequeñito la negociación,

un chorrito de depresión,

dos cucharadas de aceptación,

y acepte en un mes de nuevo.


¿Quién decidió que todos debemos procesar el dolor al mismo ritmo?


No existe una receta.

Me gustaría, la verdad.

Sería más simple.


Cada alma procesa distinto.

Y es en el saber acompañar

que habita la empatía.


Algunas personas entran en hiperactividad.

Simplemente no pueden parar.


Otras procesan hablando

y buscan un oyente dispuesto.


Unos sólo sienten

y les es muy simple romper en llanto.


Hay quienes sólo escuchan

y es en la soledad que procesan.


Muchos tienen miedo al silencio.


Y, de repente, 

un click.


La magia que habita en una pregunta.


¿Qué necesita esta persona?


Y es aquí

donde empieza a nacer

el arte del que acompaña.



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