¿Has sentido alguna vez un vacío en el pecho?
De esos que se hunden
hasta lo profundo de tu ser.
Que te taladran
y nada tienen que ver con el placer.
No son más que la colección
de historias sin cerrar.
Habitan en mi cabeza
trozos de mí y de ti,
rostros, historias.
Algo se escapa cuando alguien parte.
No se trata sólo de la ausencia,
sino del impedimento
de seguir tejiendo memoria.
También algo muere en ti.
Ya no existe la persona que eras
cuando compartías
esos regalos de tiempo.
Duele.
Sí que duele.
Te desarma.
Te rompe.
Tiempo,
oh, el tiempo.
Retazos de instantes
que ya no volverán.
Ya no soy la misma.
Ya no eres el mismo.
Esas viejas versiones
se esfumaron.
Tiempo,
oh, el tiempo.
Sanador y bondadoso,
pero también testigo
del paso de la vida
y de este cuerpo
que, segundo a segundo,
se nos pierde.
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