Hoy estuve en un viaje en parapente.
No, no, no… ya va.
Lo estás pensando muy literal.
Conecté con el programa de radio en Miami de un amado amigo, Alejandro Ortega, y, desde las alturas del viaje musical y cultural que construyó para nosotros, tuve el regalo de reencontrarme con una nostalgia muy real: la radio de mi país.
¡Qué nivel de radio!
Además de la conexión inherente con la música, esa en la que grabábamos cassettes directamente desde la transmisión cuando sonaba un tema que estábamos literalmente cazando, estaba también el gesto maravilloso de dedicar canciones al aire.
La radio nos daba algo que hoy escasea: expectativa.
Sorpresa.
Algo que esperar.
Desde el clásico “Nuestro Insólito Universo”, que nos llevaba a las historias más descabelladas, este arte formaba parte de la rutina de los venezolanos.
La radio era puente.
Entre jóvenes con la rebeldía de un Cadavieco en El Show de la Mañana.
O, más de mi época, la joya de mis trayectos al colegio: El Monstruo de la Mañana, con el florecimiento de un Chataing y una Erika de la Vega en su prime, abriendo las puertas a tanto, tanto más.
Luego, creciendo, aguantaba el sueño para escuchar Macho y no Mucho, hasta llegar al viaje de la cultura underground con Rockadencia.
Pero en mi corazón siempre habrá un espacio especial para “A la cuenta de 3”.
Ahí la sapiencia se mezclaba con la cultura pop y una buena pizca de fútbol, con Iván Matta, a quien extraño a horrores y que, confieso, era mi crush, un Henrique Lazo que ha sabido transitar cada fase de la radio like a boss, y una Michelle Dernersissian que conquistaba a la audiencia haciendo las preguntas clave para ayudarnos a digerir el cerebro brillante y absurdo de Lazo e Iván.
Y reconozco que, desde la nostalgia, a veces conecto con “Fuera de Forma”, junto a Humberto Turinese y la amada Vero.
Pero definitivamente me casé con el streaming de la Connector House, ese espacio que Alex Goncalves ha construido para jugar con sus amiguitos. Para los seguidores: un milagro que te mantiene conectado con tus raíces. La comunidad que han logrado es de pura gente buena vibra.
¡Qué belleza poder escuchar a tanta gente querida!
Ahora transformada, claro.
Porque vaya que la migración y el paso del tiempo transforman.
Este pequeño “viaje en parapente” me regaló perspectiva.
La de entender cómo volvemos, por amor al arte, a esos espacios que durante tanto tiempo fueron nuestros, ahora desde un lugar distinto: el de la resiliencia transformadora.
Qué bonito descubrir que la magia y la pasión siguen habitando en cada venezolano.
Porque es desde ahí que volvemos a nuestro arte.
Y esto es para ustedes.
Los que se transformaron…
y aún así siguen llegándonos al corazón.
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