Después de muchos años sin escribir, estoy de alguna manera reconectando con esa voz interior que quiere expresarse. He estado entretenida escribiendo de otras formas. Nunca he podido abandonar del todo esta pasión, pero por mucho tiempo me sentí saciada a través de otros canales: el mensaje bonito que redacto en el cumpleaños de alguien especial, la inspiración de un reporte lleno de detalles, o las entradas que escribo para drenar algún sentimiento.
Mi voz ya no es la misma. Ha perdido piezas y ganado tantas otras. Si crees que la carga de esta afirmación proviene de la nostalgia de quien se siente roto, estás completamente equivocado. Esta afirmación está llena de la certeza de que he evolucionado.
Hay un placer enorme en verte al espejo y saberte completa. Ahora mi voz es más compasiva: no solo con quienes me rodean, sino también conmigo misma. Hoy creo en mí de un modo que antes ni siquiera podía imaginar. Abandoné muchas creencias limitantes y me adherí a otras tantas que me construyen. Me he roto y reconstruido un millón de veces, y ahora es el momento del renacimiento del Ave Fénix.
Agradezco las texturas en mi piel, me conecto con mi esencia compleja, celebro mi intensidad, me reconozco hermosamente contradictoria y bendigo la capacidad de cambiar de opinión. Mi voz ahora tiene más fuerza y más sabiduría. Ha aprendido a callar, a observar, a no mostrarse cuando hay enojo. Mi voz se sabe potente y, a la vez, dulce. Ya no le teme a las contradicciones que habitan en mí. Me reconozco en la dulzura, en la pasión; me sé inteligente y también graciosa. Esta nueva versión está en consonancia y acepta que mañana, inevitablemente, volveré a transformarme.
Por un nuevo inicio para esta nueva voz…
Comentarios
Publicar un comentario