Ir al contenido principal

El eco de la carreta de Ares

Se escuchan las ruedas de tu carreta acercándose,
como quien acecha.

Tu refulgente armadura de bronce me ciega.
Tu espada se levanta en un grito que vaticina oscuridad.

¿Alguna vez descansaremos de ti?

¿Cómo?
Si es la misma humanidad quien te invoca.

Oh, Ares.
Oh, dios de la guerra.

Otro ciclo de la historia inicia
con violencia y sangre en sus páginas.

Naciones se enfrentan,
olvidando que las líneas que nos dividen
son imaginarias.

¿Por qué es tan difícil recordar
que todos somos de carne?

¿Por qué es más fácil identificarnos
con lo que nos separa
y no con lo que nos une?

Familias enteras desplazadas por el miedo.

Siento el sabor metálico de tu existencia en la boca.
El aire está teñido de humo y cenizas.

De noche, el lullaby fue reemplazado por detonaciones.
El beso de buenas noches ha desaparecido.

Y la oscuridad nocturna se ve interrumpida
por el flash repentino de los bombardeos.

¡Oh, Ares!
Ahora te siento más personal y cercano.

Ahora te vivo desde la óptica del que sabe,
del que tiene personas que ama en tus filas,
del que ora con el miedo de escuchar una mala noticia.

Ahora te siento en el pecho con el dolor
del que escucha atentamente
las historias aterradoras que desatas.

Identifico tu efecto

detrás de los ojos con miedo de un niño,
en el hambre que amenaza,
en la muerte que nos condiciona,
en el hollín que lo cubre todo,
en el poder destructivo que desatas,
en los hogares destruidos,
en las vidas perdidas.

¿De cuánta sangre está cubierto tu actuar?
¿De cuántas lágrimas?

Y así vivimos los días,

jugando al ping-pong
con las deudas jamás saldadas
del odio.

Y aun así,

seguimos llamándote.

Comentarios

  1. Reflexión de preludio apocalíptico

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sabes cuánto... lo escribí hace un mes cuando apenas comenzaba y hasta ahora lo publico.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La alquimia de mis ancestros

Hoy tengo la necesidad infinita de honrar la herencia de mis ancestros, quienes sentaron las bases para que me convirtiera en la mujer que soy. Es increíble reconocer, con tanta claridad, las trazas de mi mamá y mi papá en la identidad que he construido con dedicación, con lectura y, por qué no, con mucha terapia. De mi mamá atesoro: la sensibilidad, la palabra amable, el toque suave, el lenguaje del amor hecho de afirmaciones, la conexión con ése "algo" superior, y esa necesidad casi instintiva de poner curitas en el alma de quienes amo. De mi papá guardo: la ética de trabajo, el sentido del humor, ahora en versión reloaded , porque se volvió mi mecanismo favorito para sobrellevar la vida, la mente ágil, el carácter, y la capacidad de trazar límites. Soy la suma de muchas de sus partes, más mi propia magia. Después de todo, cada generación tiene la oportunidad de expandir lo que recibió. Y hoy lo acepto con amor, con lágrimas en los ojos y una sonrisa de infinita compasión.

Oda a la Música

Qué poder tan especial tiene la música. Siempre he sentido una conexión profunda con ella; me mueve en lo más hondo de mi ser, como si me tocara físicamente el corazón, dejándome rebosante y plena. Es un catalizador poderoso de mi creatividad. Me acompaña cuando trabajo, cuando estudio y cuando escribo. Eleva mi enfoque. Es ese maravilloso superpoder de estrechar fronteras y conectarnos desde los cimientos de nuestra esencia más fundamental. La música tiene el poder de transformar: De conectarte con la huidiza musa. De rozarte la piel como un amante y hacer que te erices. De susurrarte al oído y convertirse en un marshmallow que endulza tu día. De traspasar tu corazón con flechas y hacerte explotar en el más sublime y honesto llanto. De elevarte a las alturas y hacer que casi sientas el calor del sol en la piel, pero también de llevarte a un paseo por el frío inframundo. La única exigencia que tiene este humilde arte para atravesarte es que seas humano; a partir de ahí, el trabajo está...

El norte de mi brújula

Después de tanto tiempo enfocada en mí, llegaste. Y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. Tienes esa cualidad única de alegrarme la vida. Basta una palabra o un gesto. Me desarmas de argumentos. Contigo me siento arropada y protegida. Eres mi espacio seguro. Un refugio. El lugar en el que gustosamente naufragaría. Contigo tengo esa sensación de que no solo me desvistes de ropas, sino también del alma, con tan solo una mirada. Sabes acompañarme mientras me habito. Eres la palabra dulce y amable. El abrazo cálido que llamo hogar. El toque suave en mi rodilla. La conversación inteligente. Eres mi maestro y mi compañero. La risa más contagiosa y genuina. La entrega y la lealtad diaria. La mirada de complicidad fortuita. Eres el norte hacia donde apunta mi brújula. El silencio que se vuelve cómodo. Eres compañía de la más encantadora clase. Contigo me siento invencible. Vista. Validada. Activas mis sensaciones: desde esa calma suave hasta ese escalofrío de excitación en mi espalda....