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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Idilio liberal

Convertida en una avalancha, se acelera hacia mí el apoteósico designio de ser libre. Siento el vital impulso de sonreír y ser feliz. En un mundo donde cada quien lleva una máscara adherida a la piel, es difícil determinar dónde comienza la piel y dónde termina el disfraz. Verdades existen pocas; por eso hay que vivirlas y sentirlas en cada partícula del ser. Detrás de toda autenticidad existe un dejo de mentira, pero también existe una promesa: la LIBERTAD… esa capacidad de desnudar el alma más que el cuerpo. Esa libertad que parece ajena al ser humano, porque estamos más llenos de muerte que de vida. Olvidamos que a veces es más sencillo sentir que dejar de hacerlo. Vivimos en la negación, pretendiendo ser fuertes y espléndidos. Mi corazón, como el tuyo, está lacerado y aún supura por las heridas. Quiero atravesar la delgada línea en la que la máscara empieza a desvanecerse y finalmente ser libre de tantos artificios. Quisiera verme al espejo y saber que soy YO. Sin más ni menos… un ...

Expresión...

A veces un grito, a veces un susurro. Mi voz es la voz de todos los humanos. Darse cuenta del poder de la palabra, a veces destructora, otras seductora, casi siempre liberadora, es un arte que aún me resulta esquivo. La palabra es poder y castigo. Somos esclavos de cada frase que pronunciamos, y aun así, seguimos buscando ser escuchados. Al final, todo se reduce a la percepción. No es lo que dices, sino cómo lo dices y, sobre todo, cómo lo interpreta quien la recibe. Relacionarse con el entorno es simple y complejo a la vez: un tejido de gestos y sonidos, de silencios y matices. El verdadero reto es que nuestros actos estén alineados con lo que sentimos y pensamos. Pero ese equilibrio no depende solo de mí o de ti: son nuestros sentimientos los que dan sentido al vocablo que pronunciamos. Tu voz puede ser un alarido o melodía. ¿Qué quieres decir hoy?

El quién, el cómo, el qué... El maldito YO

No soy un nombre. No puedo ocultarme tras simples letras provenientes del colectivo. Tendría que seguir buscando. ¿Soy un Homo erectus, un simple ser humano? Nadie me ha preguntado mi especie. ¿Debo decir que soy una mujer? Entonces me reduciría a una simple categoría de género. ¿Soy una creación divina? ¿Una etiqueta con un Made in Venezuela? Bah… tampoco es suficiente. Responder a esa pregunta es difícil. Soy un conjunto de partes ensambladas dentro de un envoltorio de carne y hueso. Una mezcla de sabores: algunos comunes, otros exóticos. Soy el resultado de los muchos experimentos de la vida. Soy el intento de hacer a alguien mejor. Soy la frustración del vencido, la pasión de quienes pueden hacer poesía, y el dolor del desvalido. Soy el impulso adolescente y la templanza del abstemio. Soy pensamiento y locura. Soy la línea que me separa de ti. Soy la pregunta sin respuesta y la respuesta equivocada. Soy el dilema de la humanidad. Soy el pecado inconfesable. Soy yo. Soy tú. Y a vece...

Asidua a ti

Me confieso asidua a ti porque me gusta perderme en la carnosidad de tus labios y sentir la calidez de tu existencia. Cada palabra que pronuncias tiene sabor y aroma a versos. A veces espinosos, a veces perversos, muchas veces endulzados y otras tantas apasionados.  Excitas mis sentidos con tu presencia.  Haces vibrar mi corazón pero no se trata de Amor... Al amarte sería capaz de dejarte libre pero quiero que seas el prisionero de mi cuerpo. Que nunca puedas escapar de él. Soy la carcelaria de tus pasiones, de tu sudor y de tu intensidad.  Soy el recipiente de la locura que habita en ti.