Convertida en una avalancha, se acelera hacia mí el apoteósico designio de ser libre. Siento el vital impulso de sonreír y ser feliz. En un mundo donde cada quien lleva una máscara adherida a la piel, es difícil determinar dónde comienza la piel y dónde termina el disfraz. Verdades existen pocas; por eso hay que vivirlas y sentirlas en cada partícula del ser. Detrás de toda autenticidad existe un dejo de mentira, pero también existe una promesa: la LIBERTAD… esa capacidad de desnudar el alma más que el cuerpo. Esa libertad que parece ajena al ser humano, porque estamos más llenos de muerte que de vida. Olvidamos que a veces es más sencillo sentir que dejar de hacerlo. Vivimos en la negación, pretendiendo ser fuertes y espléndidos. Mi corazón, como el tuyo, está lacerado y aún supura por las heridas. Quiero atravesar la delgada línea en la que la máscara empieza a desvanecerse y finalmente ser libre de tantos artificios. Quisiera verme al espejo y saber que soy YO. Sin más ni menos… un ...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas