A veces un grito, a veces un susurro.
Mi voz es la voz de todos los humanos.
Darse cuenta del poder de la palabra, a veces destructora, otras seductora, casi siempre liberadora, es un arte que aún me resulta esquivo.
La palabra es poder y castigo.
Somos esclavos de cada frase que pronunciamos, y aun así, seguimos buscando ser escuchados.
Al final, todo se reduce a la percepción.
No es lo que dices, sino cómo lo dices y, sobre todo, cómo lo interpreta quien la recibe. Relacionarse con el entorno es simple y complejo a la vez: un tejido de gestos y sonidos, de silencios y matices.
El verdadero reto es que nuestros actos estén alineados con lo que sentimos y pensamos.
Pero ese equilibrio no depende solo de mí o de ti:
son nuestros sentimientos los que dan sentido al vocablo que pronunciamos.
Tu voz puede ser un alarido o melodía.
¿Qué quieres decir hoy?
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