Relacionarse es un arte ajeno a la gran mayoría de los humanos. Para estar en paz con el entorno, primero debemos aprender a comulgar con nosotros mismos. El conocimiento propio , en una medida honesta y sin disfraces, nos ayuda a distinguir qué juicios vienen cargados de alevosía y cuáles tienen un verdadero propósito evolutivo. Cuando el silencio se vuelve insoportable, no es el silencio el problema: somos nosotros. Es señal de que no estamos compenetrados con nuestro YO interno. Algo en nuestro comportamiento, en nuestras decisiones o en nuestra manera de habitar el mundo, está fallando. En cambio, cuando podemos permanecer en un espacio silencioso y aun así conservar la calma, entonces, solo entonces, sabemos que estamos actuando en concordancia con nuestros propios principios. Al fin y al cabo, la moralidad es, en esencia, una herramienta social de control. La escala de valores personal, en cambio, es subjetiva. Lo que para una persona es evidente, para otra puede exigir un esfuer...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas