Te saludo, sensei. Eres el mayor maestro que he tenido en mi vida. A través de ti vi partes de mí que había enterrado. Reflejaste patrones por cambiar. Me rompí en mil pedazos, y hay piezas que se perdieron. Otras se reacomodaron y otras simplemente ya no calzan. Pero hoy este rompecabezas tiene más sentido gracias a ti. Oh, sensei… ¡sí que dolió! Pero hay dolores necesarios. El carbón requiere presión para convertirse en diamante. A través de ti aprendí a amar desde la pasión insaciable: desde el hambre de tenerte en mis brazos y fundirnos en uno; aprendí que un beso puede ser una explosión de sensaciones. Me enseñaste a amar incluso mis sombras. A través de las grietas ya se ve la luz. Como en el arte nipón del kintsugi, es hora de poner oro en las grietas. Me estoy reconstruyendo en una nueva mujer, y la estoy amando intensamente, como sólo yo sé amar. Así que, gracias. Ya cumpliste tu propósito en mi vida. Ya no hay más lágrimas, más llamadas furtivas. Ya no hay más encuentros sedi...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas