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La identidad en tiempos de las mascaradas

Cuerpos andantes, sin alma, sin vida. Movidos más por la inercia que por algún fin.  Y dentro de cada uno de ellos, en lo más profundo, habita un espíritu amortajado que quiere salir, liberarse de los yugos de necesidades creadas por una sociedad que se olvidó de vivir, de compartir. Maldita sea la hora en la que nos obligan a olvidar quiénes somos para “encajar” en un todo. ¿Cómo podemos ser eslabones si olvidamos nuestra identidad?  No existe la verdadera elección de pertenecer o no.  Y aquellos valientes que deciden oponerse son enclaustrados en un laberinto aislado y solitario. Confinados a la hipocresía, a la falsedad, a una máscara que poco a poco absorbe cada partícula de ti y te condena al olvido.  Porque si olvidas quién eres en esencia, el voraz apetito de lo común te convierte en esclavo.

Dedicado a mi abuelita

Corazones solitarios a finales de la vida. Sentados a la espera de una veta de amor. ¡Triste destino! Después de toda una vida de lucha, permanecer atado a un cuerpo fatigado, rodeado de dedos acusadores que dictaminan. Toda una senda de búsqueda infructuosa. Alivio… alivio para esas almas ermitañas cuyos ojos reflejan la carga y la experiencia de los años. Dichoso aquel que, al ver su cuerpo desgastado, aún es capaz de sonreír… Dignos de admiración quienes no solo ríen, sino que festejan. Y al final, la singular pregunta: ¿De qué sirve? ¡Bendita interrogante! Te admiro y te respeto. Y bienvenida la sorpresa porque, después de nuestro ir y venir, también puedo decir: TE QUIERO.

Coraza, corazón y algo más

Los sentimientos: puros, apasionados, inminentes. Pero tienen la odiosa capacidad de alejarte de lo racional. Nublan tus instintos, incluso los más primitivos, como el de supervivencia. ¿Necesarios? ¡Quizás! Porque vivir sin ellos se parece más a la muerte que a la misma vida. Hasta que llega el momento en que notas que eres esclava de ellos, que aprisionan tu espíritu a las acciones de los demás, que te hacen dependiente de la aceptación de este o aquel. Entonces tu coraza se fortalece hasta volverse infranqueable. Arrancas tu corazón ,si es que es allí donde habitan, y niegas tu propia necesidad. Te aíslas. ¿Cuál es el equilibrio? ¡Debe existir alguno! Debe existir algo que no tiene nombre y que permita atravesar la barrera del apego y del dolor. Algún medio para llegar al AMOR por el todo, y no a ese amor burdo y efímero que nos ata a un destino triste y solitario. Añoro llegar al final de lo banal… ¿Cómo?