Los sentimientos: puros, apasionados, inminentes. Pero tienen la odiosa capacidad de alejarte de lo racional. Nublan tus instintos, incluso los más primitivos, como el de supervivencia. ¿Necesarios? ¡Quizás! Porque vivir sin ellos se parece más a la muerte que a la misma vida.
Hasta que llega el momento en que notas que eres esclava de ellos, que aprisionan tu espíritu a las acciones de los demás, que te hacen dependiente de la aceptación de este o aquel. Entonces tu coraza se fortalece hasta volverse infranqueable. Arrancas tu corazón ,si es que es allí donde habitan, y niegas tu propia necesidad. Te aíslas.
¿Cuál es el equilibrio? ¡Debe existir alguno! Debe existir algo que no tiene nombre y que permita atravesar la barrera del apego y del dolor. Algún medio para llegar al AMOR por el todo, y no a ese amor burdo y efímero que nos ata a un destino triste y solitario.
Añoro llegar al final de lo banal… ¿Cómo?
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