De cada experiencia que duele debemos extraer aprendizaje. Es la única forma de evitar repetir una y otra vez la misma historia. Hoy acepto más que ayer. Hoy reconozco que los procesos de cada quien son distintos. Que mi mente no funciona como la tuya, ni como la del vecino. He aprendido, sobre todo, que los pensamientos son como olas que van y vienen. Por eso es mejor no hablar demasiado de ellos hasta que se conviertan en convicciones. Los pensamientos son como un virus: en mentes apacibles se propagan despacio, pero en mentes inquietas se esparcen con rapidez. Cada ser humano tiene su complejidad y su virtud. Aceptar a cada quien como es es un arte que espero, algún día, poder dominar. En la aceptación está la paz. Y cuando hablo de aceptación, no me refiero a que las personas no puedan mejorar —porque, de corazón, siento que cada ser humano es una fuente infinita de oportunidades—, sino a la aceptación de los procesos individuales. Cada quien evoluciona a su propio ritmo. Gracias l...
Un lugar donde la mente consigue aliviar la vorágine de ideas