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Mostrando entradas de febrero, 2013

Delicioso cóctel

Cupido no tiene flechas: está armado con jeringas. Inyecta dosis absurdas de adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina y vasopresina. Saber esto derriba el símbolo habitual del amor: no debería ser un corazón, sino un cerebro. Poco a poco las investigaciones han ido develando el misterio tras el fenómeno llamado amor. STOP. ¿A quién le importa? Por más que intente racionalizar algo que incluso la ciencia ha catalogado como un tipo de locura, no puedo evitar confesar que soy presa de ello. Bendito cóctel hormonal que acaricia mi torrente sanguíneo. Soy adicta a las sensaciones. Desde mi punto de vista, no existe motor más efectivo que el que rige a Eros, concebido de la unión entre la abundancia y la pobreza. ¿Hay montaña rusa más eficaz? No lo creo. Me declaro amante eterna: no desde la acepción primitiva o lasciva, sino desde la exploración incansable. Siempre que exista una posibilidad de amar, amaré. ¿Estupidez? ¡Demonios! Casi podría catalogarse como crónica, pero al final queda ...

Spread the happiness!

No hay edades, no hay tiempo correcto. Solo existe el deseo de hacer algo y la capacidad de luchar para lograrlo. Hace poco acompañé a una de mis personitas especiales a hacer algo que desde hacía tiempo quería, pero no se atrevía por un insano temor al ridículo. ¡Demonios! No es como asesinar a Gandhi. Es una decisión estética y personal. El miedo al fracaso solo indica dos cosas: que te crees con menos valor del que realmente tienes para llevar a cabo tu idea; que estás sobrevalorando la opinión de los demás. Después de todo, la población se divide entre quienes detestan los gatos, quienes los toleran, quienes los aman… y los más arriesgados: los que quieren ser gatos. Siempre existirá alguien que no apruebe lo que hagas, y eso está bien. De hecho, ahí yace el control social: en esa oposición cuyo tamaño tú decides. Claro, no hablo de atropellar a otros por tu simple deseo. Tus derechos terminan donde comienzan los de los demás. Pero cuando se trata de placeres sencillos: hazlo. ¡Nos...

De huevecillos, orugas, pupas y mariposas.

En conversaciones con una personita especial, entendí, después de mi ir y venir, que sí te amé. Solo el amor es capaz de transformar el mundo como tú lo hiciste conmigo. Derribaste mis paredes y mis conceptos malsanos. Mi visión actual de lo que es una relación está profundamente ligada a tu paso por mi vida. Fuiste un torbellino que se llevó mis viejos, gastados y ortodoxos conceptos. Contigo crecí; sin ti, me reinventé. Después de un gran gesto de amor, siempre llega un inevitable período de soledad. No hablo de la soledad dolorosa, sino de esa temporada necesaria para asimilar lo vivido. Fuiste un brebaje de vida, una dosis increíble de felicidad. Gracias a ti entendí que el amor no tiene una forma definida: es una oleada sin forma, sin tiempo, sin espacio y sin rostro. Las etiquetas están sobrevaloradas; no existe tal cosa. Una etiqueta no es más que parte de la manía humana de encasillar y de creer que algo te pertenece. Es tan magistralmente estúpido. En este caso, sí aplica llam...