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El Arte de Vivir

Cada día nos encontramos con una nueva prueba que superar, una herida que sanar o una lágrima que drenar. Eso es natural; es parte del proceso de la vida. Sin embargo, el verdadero arte consiste en enfrentar las dificultades con el espíritu pleno y con la convicción de que el mañana siempre nos depara un nuevo color.

Las pruebas que se presentan en el camino, muchas veces, son impersonales: problemas de dinero, necesidades no satisfechas, situaciones que simplemente ocurren. Pero existen ocasiones en las que las circunstancias negativas tienen protagonistas.

Cuando nos encontramos con personas que buscan alterar nuestro estado de ánimo, en el mal sentido de la palabra, debemos compadecernos, porque por más pequeños que intenten hacernos sentir, son precisamente ellas quienes más carencias afectivas llevan dentro.

Permitir que mellan nuestro espíritu es una decisión individual. Por incomprensibles que puedan ser las acciones de quienes nos rodean, lo mejor es pasar el capítulo. Engancharnos en la cadena del odio interfiere directamente en nuestro bienestar. No permitamos que las personas malintencionadas tomen el control de nuestro sentir. Recordemos siempre que todos somos seres humanos únicos y que cada quien carga sus propias batallas.

Si transitamos el camino de la vida con la certeza de nuestra imperfección, descubriremos que es mejor no recrear una y otra vez lo negativo, sino impulsar lo positivo, en nosotros y en los demás.

No permitamos que la vida pase por nosotros. Caminemos nosotros la vida, con la frente en alto y los ojos puestos en los colores del camino.

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