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Entradas

La que revela

Un nuevo día, una nueva entrevista. Aquí estoy de nuevo en este pasillo conocido, pero ahora luce distinto. Esta vez está más lúgubre. Hay una densidad en el ambiente y cuesta respirar. La iluminación es más opaca. Lo transito con el conocimiento de que esta vez mi entrevistada no estará al final del pasillo. Estará en el salón. Si hice bien mi tarea investigativa, sé que ahí estará. El salón también luce distinto. Hoy está más gris. La consigo sentada. Me mira con esos ojos negros e impactantes. Profundos. Esos ojos traspasan el alma. Hablan… más bien, gritan. Es más bien pequeña. ¿O se ve así porque no quiere ser vista? Es delgada y angulosa. Su cabello es negro, casi azul. Como la densidad de la noche en luna nueva. Su piel nívea hace contraste. —Buenas noches —digo—. ¿Quieres tomar algo? —Buenas noches —responde—. En verdad no quiero nada, gracias. Me sirvo un poco de agua y me siento. La observo. Retraída. Joven y, a la vez, antigua. Ella se encoge. Cruza los brazos y noto cóm...
Entradas recientes

El eco de la carreta de Ares

Se escuchan las ruedas de tu carreta acercándose, como quien acecha. Tu refulgente armadura de bronce me ciega. Tu espada se levanta en un grito que vaticina oscuridad. ¿Alguna vez descansaremos de ti? ¿Cómo? Si es la misma humanidad quien te invoca. Oh, Ares. Oh, dios de la guerra. Otro ciclo de la historia inicia con violencia y sangre en sus páginas. Naciones se enfrentan, olvidando que las líneas que nos dividen son imaginarias. ¿Por qué es tan difícil recordar que todos somos de carne? ¿Por qué es más fácil identificarnos con lo que nos separa y no con lo que nos une? Familias enteras desplazadas por el miedo. Siento el sabor metálico de tu existencia en la boca. El aire está teñido de humo y cenizas. De noche, el lullaby fue reemplazado por detonaciones. El beso de buenas noches ha desaparecido. Y la oscuridad nocturna se ve interrumpida por el flash repentino de los bombardeos. ¡Oh, Ares! Ahora te siento más personal y cercano. Ahora te vivo desde la óptica del que...

Fantasías Alcanzables

Una mirada furtiva. El olor de tu tibio cuello. Un gemido destronador y acústico. Un halón de tu suave y largo cabello. Me elevas y me derrotas. Eres la fusión de un animal y una diosa. Me sometes a tus bajos instintos. Me encadenas y luego, me liberas al exilio. Te has convertido en una adicción. Tus dedos se hunden en mi espalda. Un susurro al oído. Una mordida en el labio. El impacto de tu seducción es demoledor. Se fusionan dolor y placer. No me puedo sostener en pie. Déjame saciarme de tus ansias. Me enciendes como a un faro en la penumbra. Siento el hervor de tu sangre. El sudor de mi piel contra tu piel. Quiero recorrerte como a un mapa. Aprenderme tus senderos, habitar tus recovecos, encontrar las formas que arrojan tus lunares cuando se unen como constelaciones. El eco de tu voz retumba: “Te voy a hacer explotar de placer.” Y en mi cuerpo se activa la necesidad de llenarte de mí. La cadencia de tus caderas me posee. Quisiera detener este momento en el tiempo, ...

El norte de mi brújula

Después de tanto tiempo enfocada en mí, llegaste. Y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. Tienes esa cualidad única de alegrarme la vida. Basta una palabra o un gesto. Me desarmas de argumentos. Contigo me siento arropada y protegida. Eres mi espacio seguro. Un refugio. El lugar en el que gustosamente naufragaría. Contigo tengo esa sensación de que no solo me desvistes de ropas, sino también del alma, con tan solo una mirada. Sabes acompañarme mientras me habito. Eres la palabra dulce y amable. El abrazo cálido que llamo hogar. El toque suave en mi rodilla. La conversación inteligente. Eres mi maestro y mi compañero. La risa más contagiosa y genuina. La entrega y la lealtad diaria. La mirada de complicidad fortuita. Eres el norte hacia donde apunta mi brújula. El silencio que se vuelve cómodo. Eres compañía de la más encantadora clase. Contigo me siento invencible. Vista. Validada. Activas mis sensaciones: desde esa calma suave hasta ese escalofrío de excitación en mi espalda....

La que anticipa

Voy subiendo en el ascensor, revisando mis notas. Es mucha información que procesar. Respiro, tratando de poner mis pensamientos en orden. Les doy una última mirada. Alzo la vista hacia el número que esperaba. Este es el piso. Me bajo del ascensor y camino hacia la puerta. Mis pulsaciones están fuera de control. Pongo la mano sobre el pomo. La abro… y me sorprendo. Ella ya está ahí. Lucía fuera de sí. Corrijo: lucía muy dentro de ella. Ensimismada. Hilvanando pensamientos. Era hermosa. Sí que lo era. Pero no de una forma obvia. Era una belleza poco habitual. Casi animal. Labios carnosos. Cabello castaño y salvaje. Lo más impactante era esa mirada, esos inusuales ojos violeta. Sus ojos no susurraban. No hablaban. Eran, más bien, un grito. Me acerqué a ella, a sabiendas de que esta entrevista sería interesante. —Buenas noches —la saludé. —¿Qué evidencia tienes de que son buenas? —respondió. Me miraba fijamente con sus profundos ojos. Era alta. Una magnífica y rara criatura. —Logré e...

Parapente sobre la nostalgia

Hoy estuve en un viaje en parapente. No, no, no… ya va. Lo estás pensando muy literal. Conecté con el programa de radio en Miami de un amado amigo, Alejandro Ortega, y, desde las alturas del viaje musical y cultural que construyó para nosotros, tuve el regalo de reencontrarme con una nostalgia muy real: la radio de mi país. ¡Qué nivel de radio! Además de la conexión inherente con la música, esa en la que grabábamos cassettes directamente desde la transmisión cuando sonaba un tema que estábamos literalmente cazando, estaba también el gesto maravilloso de dedicar canciones al aire. La radio nos daba algo que hoy escasea: expectativa. Sorpresa. Algo que esperar. Desde el clásico “Nuestro Insólito Universo” , que nos llevaba a las historias más descabelladas, este arte formaba parte de la rutina de los venezolanos. La radio era puente. Entre jóvenes con la rebeldía de un Cadavieco en El Show de la Mañana . O, más de mi época, la joya de mis trayectos al colegio: El Monstruo de la Mañan...

¿Con qué estás resonando?

En días pasados vi un video maravilloso: intentaban hacer reaccionar un objeto sometiéndolo a una vibración distinta a la suya… y no ocurría nada. Luego, algo casi mágico sucede cuando ese mismo objeto entra en contacto con otro que vibra en su misma frecuencia: responde. Se activa. Resuena. Y no pude evitar pensar en nosotros como seres humanos. Quiero tomar un concepto de la ciencia y llevarlo a un terreno más etéreo. ¿Estamos de acuerdo en que somos energía? Nuestro cuerpo está compuesto por millones de átomos con polaridad eléctrica. Somos materia, sí, pero también somos movimiento, impulso, vibración. Desde esa lógica, tu campo se ve inevitablemente estimulado por aquello que vibra en la misma sintonía. ¿Me vas siguiendo? Ahí empieza a revelarse la importancia de cuidar tu energía: elegir lo que consumes, las conversaciones que sostienes, las personas de las que te rodeas, los pensamientos a los que les das hospedaje. Cada estímulo es una frecuencia que te toca y, poco a poco, te ...