¿Y cómo se supone que debo sentirme después de conocer tu verdad a través de otros labios, y que luego vengas a mí buscando un poco de aceptación?
Tanteas el terreno con una sutileza comparable solo con la caricia de un amante en busca de calor. Intentas irrumpir en mi subconsciente y ahogas tu desesperación en pruebas destinadas a desarropar mis pensamientos más íntimos.
Pero sorpresa: en el arte de la sutileza, yo soy lo sublime.
No lograrás saber más de lo que necesito que sepas.
Perdiste el derecho a conocer mis acertijos, mis decisiones, mis desbarajustes y mis convicciones.
Bienvenido al mundo de la indiferencia…
porque esta es mi mejor arma.
La herida más profunda no la causa una palabra hiriente,
sino la certeza absoluta de que nada volverá a ser como antes.
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