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Nuevas experiencias

Y entonces, al abrirme a ti, descubrí que el anhelo de gran parte de mi vida se había hecho realidad. En mis desvelos me perdía imaginando lo impresionante que sería volver a nacer sabiendo lo que sé ahora, pero siempre pensaba que sería una pérdida de tiempo pasar otra vez por la infancia: depender de otros mientras cargas capacidades que superan las de un infante.

Concedido.
Dios me lo otorgó.
Reencarné sin morir.

Soy una cebolla que está perdiendo sus capas. Me cuesta un poco imaginar cómo será volver a la sociedad y encontrar un equilibrio entre esto que estoy viviendo y el entorno. Le tengo miedo al ego que queda, porque esta nueva energía es enorme y desconocida.

Por primera vez no tengo prisa. Sé que todo llegará a su debido tiempo. Lo que siento es miedo de no ser digna, de no ser suficiente para seguir sintiendo a Dios de la manera en que lo siento ahora. Pero, de alguna manera, me convertí en una adicta a Dios. ¿Cómo no serlo?

Mi temor es que esta devoción sea más débil que la naturaleza ilusoria del mundo material.
Lo que no debo olvidar: Dios es el arquitecto y controlador.

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