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Mostrando entradas de marzo, 2011

Pieza Faltante

Y aquí estoy de nuevo, con un vacío en el pecho y la inquietante sensación de que algo me falta. No tiene un nombre específico… más bien un nombre genérico. Como un medicamento necesario que todo el mundo busca y siempre está en escasez. No se trata del calor humano ordinario, efímero y ruidoso. Es ese sentimiento profundo de ser vista sin necesidad de pronunciar palabra. Ese raro instante en el que alguien logra atravesar tu superficie y leer lo que vibra detrás del silencio. Quiero tener a alguien con quien desnudarme, no de prendas, sino desde el alma.

Un salto al vacío

Es cuestión de arriesgarse a brincar, sin mirar atrás, sin prejuicios ni ideas preempacadas. Al final, no es más que una lotería… puro azar. Puede que sí, puede que no… ¿pero cómo lo sabrías si no te lanzas? Es una historia de adrenalina: las respuestas no las tienes, y, la verdad, en este punto ni conviene tenerlas. Aquí estoy, dando un salto al vacío como un crío que sigue el desafío que el destino puso en su camino. ¿Amigo o enemigo? Prefiero no saberlo. Porque, al final, esta historia no es del todo mía: es prestada, adaptada, como un guion improvisado o un cover de alguna canción. No me pertenezco del todo. No es una decisión unilateral; el albedrío se disuelve cuando lo que ocurre no depende solo de mí. ¿A quién engaño? Tengo miedo. Un frío intenso recorre mi cuerpo y me amarra las entrañas. ¿Cómo se sale de esta maraña? Ni siquiera sé cómo llegué hasta aquí. ¿Divertido? Lo es, sin duda, sin pensarlo demasiado. Es un riesgo que se toma cerrando los ojos y probando una vez más. Aq...

Nuestra naturaleza se rebela

Entre lo bélico y lo caótico nos encontramos hoy. La fuerza de la naturaleza se rebela contra sus principales agresores y, mientras tanto, el mundo sigue girando, ajeno a la cantidad de lágrimas, sudor y sangre derramados. Es cierto que no somos responsables directos de los arrebatos de una naturaleza caprichosa, pero tampoco podemos negar que su furia se ve amplificada por el propio afán del Homo sapiens por moldear el mundo a su antojo. Siempre he pensado que los humanos somos como un virus que se expande e infecta todo lo que toca. No puedo evitar sentir empatía por el sufrimiento, es inevitable para cualquier ser medianamente sensible, pero lo que más me invade es una inconmensurable lástima por la estupidez humana.

Después de todo, no estamos tan solos

Después de andar, subir, bajar, de encontrarnos con sendas borrascosas y parajes paradisíacos, llegamos a entender que el tránsito de la vida es, en esencia, una travesía individual. Sin embargo, no podemos ignorar la fortuna que a veces tenemos al cruzarnos con personas que son como brisa fresca. Una palabra, un gesto, o incluso una simple sensación de comprensión y conexión pueden hacer toda la diferencia. Puede que esos encuentros sean tan breves como el paso de un cometa o que perduren en el tiempo como una mancha de vino; lo cierto es que dejan huella. Ya sea de manera positiva o negativa, porque incluso a quienes nos vuelven la vida un paisaje de cuadritos hay que reconocerles algo, después de todo, son los tropiezos los que más nos enseñan. #SimpleInstintoDeBurro Hoy, después de tantos días de ruido, estoy finalmente detrás de mi telón, sintiendo el silencio y escuchando mis pensamientos. Es un alivio poder decir que, más que caos, siento paz. Y creo que mucho tiene que ver con ...

El silencio oculto cuando cae el telón

Vivimos interpretando nuestra propia obra teatral. Tenemos muchos roles, cada uno con matices y actitudes distintas. Pero cuando el telón baja, cuando la música se detiene, cuando ya no existen aplausos ni público, volvemos a ser uno con nosotros mismos. Sin maquillaje, sin máscaras, sin personajes. Regresamos a ese estado primigenio que tanto tememos, y por eso nos refugiamos detrás de la compañía, de la rutina o del incesante caudal social. Olvidamos quiénes somos porque es más cómodo sentirnos parte del colectivo. Y entonces, cuando la obra termina, sentimos el vacío de saber que detrás del telón permanece, vulnerable e indefenso, el verdadero yo: con defectos, virtudes y oportunidades. La fea cara de la verdad nos supera con creces… Al final de la obra, las lágrimas humedecen la pupila, la ira nos invade, la felicidad se desdibuja y aparece la mezquindad que habita en nosotros. Después de toda la interpretación descubrimos que no existen virtudes ni defectos absolutos. Solo existe ...