Es cuestión de arriesgarse a brincar, sin mirar atrás, sin prejuicios ni ideas preempacadas.
Al final, no es más que una lotería… puro azar.
Puede que sí, puede que no… ¿pero cómo lo sabrías si no te lanzas?
Es una historia de adrenalina: las respuestas no las tienes, y, la verdad, en este punto ni conviene tenerlas.
Aquí estoy, dando un salto al vacío como un crío que sigue el desafío que el destino puso en su camino.
¿Amigo o enemigo? Prefiero no saberlo.
Porque, al final, esta historia no es del todo mía: es prestada, adaptada, como un guion improvisado o un cover de alguna canción.
No me pertenezco del todo.
No es una decisión unilateral; el albedrío se disuelve cuando lo que ocurre no depende solo de mí.
¿A quién engaño?
Tengo miedo.
Un frío intenso recorre mi cuerpo y me amarra las entrañas.
¿Cómo se sale de esta maraña?
Ni siquiera sé cómo llegué hasta aquí.
¿Divertido?
Lo es, sin duda, sin pensarlo demasiado.
Es un riesgo que se toma cerrando los ojos y probando una vez más.
Aquí estoy:
al filo del acantilado, contemplando las alturas.
Y ahora… ya estoy cayendo.
Finalmente salté.
¿Qué me espera abajo?
No lo sé.
Y tal vez esa sea la mejor parte de las nuevas historias que aún están por escribirse.
Comentarios
Publicar un comentario