¿Cómo le explico a mi sistema nervioso
que ya no tiene que estar en alerta?
Que puede relajarse.
Que puedo respirar.
Que puedo celebrar-me.
¿Cómo le traduzco a mi cuerpo
que todo el esfuerzo… sí valió la pena?
Que se transformó en ganancia.
Que el camino, aunque incierto,
sí estaba siendo sostenido.
Que Dios caminó a mi lado,
incluso cuando dudé.
Que nunca soltó mi mano.
Que el universo (silencioso)
ya había decidido a mi favor.
¿Cómo le explico a mi mente
que puede recostarse… y mirar?
Que no todo es empujar.
Que no todo es resistir.
Que los colores son más bonitos
cuando hay paz.
Que ha llegado el momento
de cosechar.
¿Cómo le cuento a mis hombros
que se pueden soltar?
A mi mandíbula,
que no hay nada que sostener.
A mis ojos,
que ya pueden descansar del llanto.
Al encuentro con Morfeo,
que no necesita ser interrumpido.
Que las citas a las 3 a. m. con mi mente
pueden finalmente parar.
Es hora de salir del
fake it until you make it…
porque, después de tanto andar,
estoy aquí.
Ya no tengo que fingir positividad
para darle luz a otros.
Soy luz.
Y ahora puedo respirar.
Puedo estabilizar.
Cortisol,
mensajero del peligro…
puedes irte.
Mi cuerpo ya no es campo de batalla.
Ahora…
es hogar.
Ha llegado el momento
de habitar-me.
🤍
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