Naciones enfrentadas que movilizan peones humanos. ¿Patriotismo, fe, fanatismo o simple estupidez? La guerra es una epidemia que infecta lenta pero eficazmente. Maquilla la mirada con el carmesí de la sangre: pinceladas de odio, frustración, miedo y rencor.
¿Cuál es el sentido?
Nacemos con la guerra. Es la roca con la que, gustosos, tropezamos una y otra vez. Es el hervor de nuestra sangre, la sensación animal que brota desde las entrañas. Las ganas insaciables de destruir, no por alguna razón elaborada, sino por el simple arte del caos.
Hay guerra en ti y en mí. Existe una batalla campal entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que accionamos. Nuestras pobres existencias parecen incapaces de atravesar el presente sin el sabor metálico de lo conflictivo, lo bélico.
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