Eres la palabra nunca pronunciada y el hervor de mi sangre en la madrugada.
Eres el sustento de mis sentidos y el deleite de lo prohibido.
Eres el complemento de mi piel, el aliento de mí querer.
Eres el contrato oculto entre el cielo y el infierno.
Eres el arrebato de lujuria de mis desvelos.
Eres la libertad, la intuición y la poesía convertidos en idilio y melancolía.
Eres el autor de los mil poemas que recito con mi cuerpo y el héroe que develó mi escondida alma a través de un breve encuentro.
Eres el puñal que abrió la herida que ahora supura versos y rimas.
Eres la sana locura que libera mi espíritu y el vudú intrínseco del pecado conocido.
Comentarios
Publicar un comentario