La ley del “algo por algo” no se trata de un egoísmo sin límites.
Es, más bien, el acto de amarse lo suficiente como para medir las cuotas de lo que damos.
¿De qué sirve entregar afecto si al otro lado solo encuentras una pared?
Es cierto que hay personas que no saben demostrar lo que sienten…
pero también es verdad que, en muchos casos, simplemente no quieren hacerlo.
Del mismo modo, si alguien te colma de detalles, responde.
La reciprocidad es fundamental cuando se trata de cariño.
¿Para qué arrojar las perlas de tu atención a personas que no se lo han ganado?
La fórmula es sencilla:
Da sin medida… hasta que te demuestren lo contrario.
Si no existe una respuesta proporcional, hay que ser realista:
estás desperdiciando tu afecto en alguien que no lo merece.
Es el eterno problema de atención que acecha a la humanidad:
no miramos a nuestro alrededor, jamás.
Hay que aprender a valorar los detalles y responder a ellos,
porque es una práctica que está, peligrosamente, en decadencia.
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