Las batallas más atemorizantes son las que libramos contra nosotros mismos.
Aquellas en las que sentimos la urgencia de hacer cambios internos, desde la raíz, desde la propia esencia.
Cuando el entorno te obliga a desplazar tu naturaleza para poder sobrevivir, ahí aparece la verdadera disyuntiva:
¿seguir por el camino de siempre o arrancar de nuestra vida las actitudes que ya no funcionan?
Las grandes transformaciones siguen el mismo sentido:
de lo interno a lo externo.
Todo empieza cuando intuyes que una forma de ser ya no te sirve, que te estanca, que te limita.
En mi visión de vida, si no te contribuye, entonces tíralo.
Incluso si es una parte de ti misma.
Afortunadamente, la perfección es impropia del ser humano; de lo contrario, la existencia sería insoportablemente aburrida.
Lo maravilloso de ser falible es la posibilidad de redescubrirte.
Reinventarte.
Crear una versión beta. una actualización de tu YO, y sorprenderte al ver cómo el entorno empieza a transformarse gracias a ese pequeño valor agregado.
A veces todo se reduce a quererte, de verdad, y a permitirte explotar al máximo tus oportunidades de cambio.
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