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De cómo África se convirtió en una princesa

Érase una vez una linda cachorra en un mundo de humanos.
Su nombre era África… antes de su nueva vida.

Su mami estaba muy enferma porque había sido atropellada, y desde que África nació no podía pasar demasiado tiempo con ella. Nunca fue amamantada: le daban lechita tibia en un tetero. Era lo único que conocía, así que no había nada que extrañar. La belleza de la mente de los perros es su simpleza: viven en el presente, sin preguntas.

Tenía siete hermanitos que nacieron con ella, pero su familia era aún más grande, pues vivían junto a muchos otros perritos con historias de calle. También tenía familiares de dos patas y sin pelitos, que siempre hablaban en un idioma extraño. Pero de tanto convivir con ellos, aprendió a leer sus expresiones.

"Es muy gracioso cuántas caras pueden poner esos humanos.
Y siempre usan telas sobre el cuerpo.
Son muy raros de verdad… pero juegan conmigo y me traen comida", pensaba África.

Un día pasó algo muy raro. Nunca había conocido nada que no fuera su corralito, pero de repente , además de que la bañaron, cosa que no le gustaba nada, la metieron en una caja metálica enorme junto con su hermanita Hope. Le decían “carro”, y se movía entre otras cajas metálicas parecidas.

Era toda una nueva aventura… pero las cosas desconocidas siempre le daban un poquito de miedo. Nada olía familiar. África estaba nerviosa.

De pronto, llegaron a un lugar que olía muchísimo a verde. Escuchó a sus cuidadoras decir que era un parque y que allí esperarían a sus posibles padres.

Dos personas se acercaron al carro.
Un hombre la levantó. África se asustó al principio, pero luego la acarició con suavidad. A su hermanita la cargó la mujer. Después, ella volvió a bajarla, y el hombre pasó a Hope a sus brazos mientras él tomaba a África nuevamente.

Y desde ese instante, ella no la soltó más.

La mujer le dio a África el abrazo más cálido de su vida.

Comentarios

  1. Abrazo que 11 años después sigue estando presente cada día.

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    1. Son angelitos etéreos. Ella me da más de lo que yo el doy.

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