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Mostrando entradas de marzo, 2026

Fantasías Alcanzables

Una mirada furtiva. El olor de tu tibio cuello. Un gemido destronador y acústico. Un halón de tu suave y largo cabello. Me elevas y me derrotas. Eres la fusión de un animal y una diosa. Me sometes a tus bajos instintos. Me encadenas y luego, me liberas al exilio. Te has convertido en una adicción. Tus dedos se hunden en mi espalda. Un susurro al oído. Una mordida en el labio. El impacto de tu seducción es demoledor. Se fusionan dolor y placer. No me puedo sostener en pie. Déjame saciarme de tus ansias. Me enciendes como a un faro en la penumbra. Siento el hervor de tu sangre. El sudor de mi piel contra tu piel. Quiero recorrerte como a un mapa. Aprenderme tus senderos, habitar tus recovecos, encontrar las formas que arrojan tus lunares cuando se unen como constelaciones. El eco de tu voz retumba: “Te voy a hacer explotar de placer.” Y en mi cuerpo se activa la necesidad de llenarte de mí. La cadencia de tus caderas me posee. Quisiera detener este momento en el tiempo, ...

El norte de mi brújula

Después de tanto tiempo enfocada en mí, llegaste. Y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. Tienes esa cualidad única de alegrarme la vida. Basta una palabra o un gesto. Me desarmas de argumentos. Contigo me siento arropada y protegida. Eres mi espacio seguro. Un refugio. El lugar en el que gustosamente naufragaría. Contigo tengo esa sensación de que no solo me desvistes de ropas, sino también del alma, con tan solo una mirada. Sabes acompañarme mientras me habito. Eres la palabra dulce y amable. El abrazo cálido que llamo hogar. El toque suave en mi rodilla. La conversación inteligente. Eres mi maestro y mi compañero. La risa más contagiosa y genuina. La entrega y la lealtad diaria. La mirada de complicidad fortuita. Eres el norte hacia donde apunta mi brújula. El silencio que se vuelve cómodo. Eres compañía de la más encantadora clase. Contigo me siento invencible. Vista. Validada. Activas mis sensaciones: desde esa calma suave hasta ese escalofrío de excitación en mi espalda....

La que anticipa

Voy subiendo en el ascensor, revisando mis notas. Es mucha información que procesar. Respiro, tratando de poner mis pensamientos en orden. Les doy una última mirada. Alzo la vista hacia el número que esperaba. Este es el piso. Me bajo del ascensor y camino hacia la puerta. Mis pulsaciones están fuera de control. Pongo la mano sobre el pomo. La abro… y me sorprendo. Ella ya está ahí. Lucía fuera de sí. Corrijo: lucía muy dentro de ella. Ensimismada. Hilvanando pensamientos. Era hermosa. Sí que lo era. Pero no de una forma obvia. Era una belleza poco habitual. Casi animal. Labios carnosos. Cabello castaño y salvaje. Lo más impactante era esa mirada, esos inusuales ojos violeta. Sus ojos no susurraban. No hablaban. Eran, más bien, un grito. Me acerqué a ella, a sabiendas de que esta entrevista sería interesante. —Buenas noches —la saludé. —¿Qué evidencia tienes de que son buenas? —respondió. Me miraba fijamente con sus profundos ojos. Era alta. Una magnífica y rara criatura. —Logré e...

Parapente sobre la nostalgia

Hoy estuve en un viaje en parapente. No, no, no… ya va. Lo estás pensando muy literal. Conecté con el programa de radio en Miami de un amado amigo, Alejandro Ortega, y, desde las alturas del viaje musical y cultural que construyó para nosotros, tuve el regalo de reencontrarme con una nostalgia muy real: la radio de mi país. ¡Qué nivel de radio! Además de la conexión inherente con la música, esa en la que grabábamos cassettes directamente desde la transmisión cuando sonaba un tema que estábamos literalmente cazando, estaba también el gesto maravilloso de dedicar canciones al aire. La radio nos daba algo que hoy escasea: expectativa. Sorpresa. Algo que esperar. Desde el clásico “Nuestro Insólito Universo” , que nos llevaba a las historias más descabelladas, este arte formaba parte de la rutina de los venezolanos. La radio era puente. Entre jóvenes con la rebeldía de un Cadavieco en El Show de la Mañana . O, más de mi época, la joya de mis trayectos al colegio: El Monstruo de la Mañan...

¿Con qué estás resonando?

En días pasados vi un video maravilloso: intentaban hacer reaccionar un objeto sometiéndolo a una vibración distinta a la suya… y no ocurría nada. Luego, algo casi mágico sucede cuando ese mismo objeto entra en contacto con otro que vibra en su misma frecuencia: responde. Se activa. Resuena. Y no pude evitar pensar en nosotros como seres humanos. Quiero tomar un concepto de la ciencia y llevarlo a un terreno más etéreo. ¿Estamos de acuerdo en que somos energía? Nuestro cuerpo está compuesto por millones de átomos con polaridad eléctrica. Somos materia, sí, pero también somos movimiento, impulso, vibración. Desde esa lógica, tu campo se ve inevitablemente estimulado por aquello que vibra en la misma sintonía. ¿Me vas siguiendo? Ahí empieza a revelarse la importancia de cuidar tu energía: elegir lo que consumes, las conversaciones que sostienes, las personas de las que te rodeas, los pensamientos a los que les das hospedaje. Cada estímulo es una frecuencia que te toca y, poco a poco, te ...

Habítame

Háblame Te saludo, diosa de mis desvelos, sublime y hermosa criatura, compañía de día y aterciopelada amante nocturna. Detrás de esos ojos habita la sabiduría de milenios. Eres verso, prosa, melodía y canción; liberas la energía que se encontraba atrapada en mí. Contigo podría cruzar los siete mares; contigo soy capaz de atravesar otros mundos. Junto a ti no hay límites. Te añoraba, no sabes cuánto te añoraba. Los años sin ti se sintieron como la sequía del Sahara. Ahora me has convertido en tierra fértil, en campo de rosas, amapolas y margaritas. Ahora que te tengo, no te quiero dejar ir. Soy adicta a la sensación de tenerte cerca. Me llenas con dulces palabras, haces que el arte fluya a través de mí. ¡Qué deliciosa sensación! Y la parte más hermosa es lo libre que eres: a veces tan presente y tantas otras tan ausente. Me saciaré de ti mientras te tenga cerca. Has inspirado epopeyas y canciones; pinturas y esculturas se han elevado gracias a ti. ¿Cuántas nuevas formas encontraré de am...

El retrovisor

Hay algo muy hermoso en mirar hacia atrás, no desde la nostalgia, sino para darnos cuenta de cuánto camino hemos transitado y percibir nuestra evolución personal. En los últimos días he estado haciendo un viaje extraordinario y arqueológico a través de algunas de las cosas que he escrito desde que tenía aproximadamente 16 años. Esas primeras piezas, llenas de inocencia, me hacen sonreír. Es muy lindo ver que buena parte de esa adolescente no se ha perdido, sino que se ha transformado y potenciado. Me llena el corazón reconocerme en ella, saber que muchos de sus valores permanecen y que el paso del tiempo y las vivencias, que a menudo pueden ser agresivas, han dejado impoluta mi fe en la humanidad. La versión de mis 20s era mucho más apasionada e impulsiva. Las piezas de esa época eran una avalancha de emociones. Tenía una facilidad enorme para poner punto final a las situaciones. Esa joven podía llegar a ser abrupta… y vaya que tenía opiniones. Y no es que ahora no sea emocional o que ...

Oda a la Música

Qué poder tan especial tiene la música. Siempre he sentido una conexión profunda con ella; me mueve en lo más hondo de mi ser, como si me tocara físicamente el corazón, dejándome rebosante y plena. Es un catalizador poderoso de mi creatividad. Me acompaña cuando trabajo, cuando estudio y cuando escribo. Eleva mi enfoque. Es ese maravilloso superpoder de estrechar fronteras y conectarnos desde los cimientos de nuestra esencia más fundamental. La música tiene el poder de transformar: De conectarte con la huidiza musa. De rozarte la piel como un amante y hacer que te erices. De susurrarte al oído y convertirse en un marshmallow que endulza tu día. De traspasar tu corazón con flechas y hacerte explotar en el más sublime y honesto llanto. De elevarte a las alturas y hacer que casi sientas el calor del sol en la piel, pero también de llevarte a un paseo por el frío inframundo. La única exigencia que tiene este humilde arte para atravesarte es que seas humano; a partir de ahí, el trabajo está...

Versiones que se fueron

¿Has sentido alguna vez un vacío en el pecho? De esos que se hunden hasta lo profundo de tu ser. Que te taladran y nada tienen que ver con el placer. No son más que la colección de historias sin cerrar. Habitan en mi cabeza trozos de mí y de ti, rostros, historias. Algo se escapa cuando alguien parte. No se trata sólo de la ausencia, sino del impedimento de seguir tejiendo memoria. También algo muere en ti. Ya no existe la persona que eras cuando compartías esos regalos de tiempo. Duele. Sí que duele. Te desarma. Te rompe. Tiempo, oh, el tiempo. Retazos de instantes que ya no volverán. Ya no soy la misma. Ya no eres el mismo. Esas viejas versiones se esfumaron. Tiempo, oh, el tiempo. Sanador y bondadoso, pero también testigo del paso de la vida y de este cuerpo que, segundo a segundo, se nos pierde.