Una mirada furtiva. El olor de tu tibio cuello. Un gemido destronador y acústico. Un halón de tu suave y largo cabello. Me elevas y me derrotas. Eres la fusión de un animal y una diosa. Me sometes a tus bajos instintos. Me encadenas y luego, me liberas al exilio. Te has convertido en una adicción. Tus dedos se hunden en mi espalda. Un susurro al oído. Una mordida en el labio. El impacto de tu seducción es demoledor. Se fusionan dolor y placer. No me puedo sostener en pie. Déjame saciarme de tus ansias. Me enciendes como a un faro en la penumbra. Siento el hervor de tu sangre. El sudor de mi piel contra tu piel. Quiero recorrerte como a un mapa. Aprenderme tus senderos, habitar tus recovecos, encontrar las formas que arrojan tus lunares cuando se unen como constelaciones. El eco de tu voz retumba: “Te voy a hacer explotar de placer.” Y en mi cuerpo se activa la necesidad de llenarte de mí. La cadencia de tus caderas me posee. Quisiera detener este momento en el tiempo, ...
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