Ir al contenido principal

El declive de la idealización

Idealizamos porque adaptamos las creencias de “lo que debe ser” a nuestro entorno. Idealizar no es más que una proyección de nuestros deseos y anhelos más profundos. Este fenómeno suele aparecer en los comienzos de ciclos: cubrimos con un velo de magia a todo lo que nos rodea: personas, trabajo, relaciones familiares. Es el engaño primigenio del ser humano, el cuento de hadas propio que creamos para sostener nuestra forma de ver el mundo.

El verdadero problema surge cuando finalmente nos damos cuenta de que aquello que creíamos era de una manera, resulta ser totalmente distinto. La complicación aparece cuando buscamos culpar a otros por un engaño que nosotros, y solo nosotros, fabricamos.

Las relaciones humanas se sostienen, en gran medida, sobre la imagen mental que construimos de las personas. Las catalogamos según nuestras propias escalas de posibilidades y nos sorprendemos cuando la realidad no coincide con nuestras probabilidades. La mejor táctica es no establecer escalas de valor; después de todo, la complejidad humana no puede encasillarse. En ocasiones, es más simple no esperar nada.

Como en la mayoría de las circunstancias de la vida, la simplicidad suele ser la mejor respuesta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Oda a la Música

Qué poder tan especial tiene la música. Siempre he sentido una conexión profunda con ella; me mueve en lo más hondo de mi ser, como si me tocara físicamente el corazón, dejándome rebosante y plena. Es un catalizador poderoso de mi creatividad. Me acompaña cuando trabajo, cuando estudio y cuando escribo. Eleva mi enfoque. Es ese maravilloso superpoder de estrechar fronteras y conectarnos desde los cimientos de nuestra esencia más fundamental. La música tiene el poder de transformar: De conectarte con la huidiza musa. De rozarte la piel como un amante y hacer que te erices. De susurrarte al oído y convertirse en un marshmallow que endulza tu día. De traspasar tu corazón con flechas y hacerte explotar en el más sublime y honesto llanto. De elevarte a las alturas y hacer que casi sientas el calor del sol en la piel, pero también de llevarte a un paseo por el frío inframundo. La única exigencia que tiene este humilde arte para atravesarte es que seas humano; a partir de ahí, el trabajo está...

La alquimia de mis ancestros

Hoy tengo la necesidad infinita de honrar la herencia de mis ancestros, quienes sentaron las bases para que me convirtiera en la mujer que soy. Es increíble reconocer, con tanta claridad, las trazas de mi mamá y mi papá en la identidad que he construido con dedicación, con lectura y, por qué no, con mucha terapia. De mi mamá atesoro: la sensibilidad, la palabra amable, el toque suave, el lenguaje del amor hecho de afirmaciones, la conexión con ése "algo" superior, y esa necesidad casi instintiva de poner curitas en el alma de quienes amo. De mi papá guardo: la ética de trabajo, el sentido del humor, ahora en versión reloaded , porque se volvió mi mecanismo favorito para sobrellevar la vida, la mente ágil, el carácter, y la capacidad de trazar límites. Soy la suma de muchas de sus partes, más mi propia magia. Después de todo, cada generación tiene la oportunidad de expandir lo que recibió. Y hoy lo acepto con amor, con lágrimas en los ojos y una sonrisa de infinita compasión.

Los lugares que nos escribieron

¿Qué pasa cuando ves lugares donde fuiste feliz arrasados por una catástrofe? Nace un dolor que atraviesa. Que quita el aliento. Que eriza la piel. Que paraliza. No se trata del edificio donde vivías, de la plaza donde jugabas, o del aeropuerto desde donde viajabas. Esto se transforma en algo mucho más profundo. Algo que toca la fibra de la identidad. Es sobre las empanadas que te comiste con tus amigos en La Guaira, y el calorcito del Caribe que bronceó tu piel. Es acerca de tu refugio verde, ahora transformado. De las oraciones elevadas en la Iglesia de la Plaza Candelaria, ahora llena de damnificados. Es sobre ese abrazo que te diste con tu familia en Maiquetía antes de irte por última vez. Toca a la versión de ti mismo que transitó por estas calles. Que escribió memorias. Que abrazó. Que amó. Que besó. Que rió. Que creció. Que partió. Son los recuerdos que, entrelazados, conforman el mapa de nuestra identidad. La naturaleza nos recordó, en unos minutos, la falsa sensación de perman...