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Mostrando entradas de 2026

La que revela

Un nuevo día, una nueva entrevista. Aquí estoy de nuevo en este pasillo conocido, pero ahora luce distinto. Esta vez está más lúgubre. Hay una densidad en el ambiente y cuesta respirar. La iluminación es más opaca. Lo transito con el conocimiento de que esta vez mi entrevistada no estará al final del pasillo. Estará en el salón. Si hice bien mi tarea investigativa, sé que ahí estará. El salón también luce distinto. Hoy está más gris. La consigo sentada. Me mira con esos ojos negros e impactantes. Profundos. Esos ojos traspasan el alma. Hablan… más bien, gritan. Es más bien pequeña. ¿O se ve así porque no quiere ser vista? Es delgada y angulosa. Su cabello es negro, casi azul. Como la densidad de la noche en luna nueva. Su piel nívea hace contraste. —Buenas noches —digo—. ¿Quieres tomar algo? —Buenas noches —responde—. En verdad no quiero nada, gracias. Me sirvo un poco de agua y me siento. La observo. Retraída. Joven y, a la vez, antigua. Ella se encoge. Cruza los brazos y noto cóm...

El eco de la carreta de Ares

Se escuchan las ruedas de tu carreta acercándose, como quien acecha. Tu refulgente armadura de bronce me ciega. Tu espada se levanta en un grito que vaticina oscuridad. ¿Alguna vez descansaremos de ti? ¿Cómo? Si es la misma humanidad quien te invoca. Oh, Ares. Oh, dios de la guerra. Otro ciclo de la historia inicia con violencia y sangre en sus páginas. Naciones se enfrentan, olvidando que las líneas que nos dividen son imaginarias. ¿Por qué es tan difícil recordar que todos somos de carne? ¿Por qué es más fácil identificarnos con lo que nos separa y no con lo que nos une? Familias enteras desplazadas por el miedo. Siento el sabor metálico de tu existencia en la boca. El aire está teñido de humo y cenizas. De noche, el lullaby fue reemplazado por detonaciones. El beso de buenas noches ha desaparecido. Y la oscuridad nocturna se ve interrumpida por el flash repentino de los bombardeos. ¡Oh, Ares! Ahora te siento más personal y cercano. Ahora te vivo desde la óptica del que...

Fantasías Alcanzables

Una mirada furtiva. El olor de tu tibio cuello. Un gemido destronador y acústico. Un halón de tu suave y largo cabello. Me elevas y me derrotas. Eres la fusión de un animal y una diosa. Me sometes a tus bajos instintos. Me encadenas y luego, me liberas al exilio. Te has convertido en una adicción. Tus dedos se hunden en mi espalda. Un susurro al oído. Una mordida en el labio. El impacto de tu seducción es demoledor. Se fusionan dolor y placer. No me puedo sostener en pie. Déjame saciarme de tus ansias. Me enciendes como a un faro en la penumbra. Siento el hervor de tu sangre. El sudor de mi piel contra tu piel. Quiero recorrerte como a un mapa. Aprenderme tus senderos, habitar tus recovecos, encontrar las formas que arrojan tus lunares cuando se unen como constelaciones. El eco de tu voz retumba: “Te voy a hacer explotar de placer.” Y en mi cuerpo se activa la necesidad de llenarte de mí. La cadencia de tus caderas me posee. Quisiera detener este momento en el tiempo, ...

El norte de mi brújula

Después de tanto tiempo enfocada en mí, llegaste. Y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. Tienes esa cualidad única de alegrarme la vida. Basta una palabra o un gesto. Me desarmas de argumentos. Contigo me siento arropada y protegida. Eres mi espacio seguro. Un refugio. El lugar en el que gustosamente naufragaría. Contigo tengo esa sensación de que no solo me desvistes de ropas, sino también del alma, con tan solo una mirada. Sabes acompañarme mientras me habito. Eres la palabra dulce y amable. El abrazo cálido que llamo hogar. El toque suave en mi rodilla. La conversación inteligente. Eres mi maestro y mi compañero. La risa más contagiosa y genuina. La entrega y la lealtad diaria. La mirada de complicidad fortuita. Eres el norte hacia donde apunta mi brújula. El silencio que se vuelve cómodo. Eres compañía de la más encantadora clase. Contigo me siento invencible. Vista. Validada. Activas mis sensaciones: desde esa calma suave hasta ese escalofrío de excitación en mi espalda....

La que anticipa

Voy subiendo en el ascensor, revisando mis notas. Es mucha información que procesar. Respiro, tratando de poner mis pensamientos en orden. Les doy una última mirada. Alzo la vista hacia el número que esperaba. Este es el piso. Me bajo del ascensor y camino hacia la puerta. Mis pulsaciones están fuera de control. Pongo la mano sobre el pomo. La abro… y me sorprendo. Ella ya está ahí. Lucía fuera de sí. Corrijo: lucía muy dentro de ella. Ensimismada. Hilvanando pensamientos. Era hermosa. Sí que lo era. Pero no de una forma obvia. Era una belleza poco habitual. Casi animal. Labios carnosos. Cabello castaño y salvaje. Lo más impactante era esa mirada, esos inusuales ojos violeta. Sus ojos no susurraban. No hablaban. Eran, más bien, un grito. Me acerqué a ella, a sabiendas de que esta entrevista sería interesante. —Buenas noches —la saludé. —¿Qué evidencia tienes de que son buenas? —respondió. Me miraba fijamente con sus profundos ojos. Era alta. Una magnífica y rara criatura. —Logré e...

Parapente sobre la nostalgia

Hoy estuve en un viaje en parapente. No, no, no… ya va. Lo estás pensando muy literal. Conecté con el programa de radio en Miami de un amado amigo, Alejandro Ortega, y, desde las alturas del viaje musical y cultural que construyó para nosotros, tuve el regalo de reencontrarme con una nostalgia muy real: la radio de mi país. ¡Qué nivel de radio! Además de la conexión inherente con la música, esa en la que grabábamos cassettes directamente desde la transmisión cuando sonaba un tema que estábamos literalmente cazando, estaba también el gesto maravilloso de dedicar canciones al aire. La radio nos daba algo que hoy escasea: expectativa. Sorpresa. Algo que esperar. Desde el clásico “Nuestro Insólito Universo” , que nos llevaba a las historias más descabelladas, este arte formaba parte de la rutina de los venezolanos. La radio era puente. Entre jóvenes con la rebeldía de un Cadavieco en El Show de la Mañana . O, más de mi época, la joya de mis trayectos al colegio: El Monstruo de la Mañan...

¿Con qué estás resonando?

En días pasados vi un video maravilloso: intentaban hacer reaccionar un objeto sometiéndolo a una vibración distinta a la suya… y no ocurría nada. Luego, algo casi mágico sucede cuando ese mismo objeto entra en contacto con otro que vibra en su misma frecuencia: responde. Se activa. Resuena. Y no pude evitar pensar en nosotros como seres humanos. Quiero tomar un concepto de la ciencia y llevarlo a un terreno más etéreo. ¿Estamos de acuerdo en que somos energía? Nuestro cuerpo está compuesto por millones de átomos con polaridad eléctrica. Somos materia, sí, pero también somos movimiento, impulso, vibración. Desde esa lógica, tu campo se ve inevitablemente estimulado por aquello que vibra en la misma sintonía. ¿Me vas siguiendo? Ahí empieza a revelarse la importancia de cuidar tu energía: elegir lo que consumes, las conversaciones que sostienes, las personas de las que te rodeas, los pensamientos a los que les das hospedaje. Cada estímulo es una frecuencia que te toca y, poco a poco, te ...

Habítame

Háblame Te saludo, diosa de mis desvelos, sublime y hermosa criatura, compañía de día y aterciopelada amante nocturna. Detrás de esos ojos habita la sabiduría de milenios. Eres verso, prosa, melodía y canción; liberas la energía que se encontraba atrapada en mí. Contigo podría cruzar los siete mares; contigo soy capaz de atravesar otros mundos. Junto a ti no hay límites. Te añoraba, no sabes cuánto te añoraba. Los años sin ti se sintieron como la sequía del Sahara. Ahora me has convertido en tierra fértil, en campo de rosas, amapolas y margaritas. Ahora que te tengo, no te quiero dejar ir. Soy adicta a la sensación de tenerte cerca. Me llenas con dulces palabras, haces que el arte fluya a través de mí. ¡Qué deliciosa sensación! Y la parte más hermosa es lo libre que eres: a veces tan presente y tantas otras tan ausente. Me saciaré de ti mientras te tenga cerca. Has inspirado epopeyas y canciones; pinturas y esculturas se han elevado gracias a ti. ¿Cuántas nuevas formas encontraré de am...

El retrovisor

Hay algo muy hermoso en mirar hacia atrás, no desde la nostalgia, sino para darnos cuenta de cuánto camino hemos transitado y percibir nuestra evolución personal. En los últimos días he estado haciendo un viaje extraordinario y arqueológico a través de algunas de las cosas que he escrito desde que tenía aproximadamente 16 años. Esas primeras piezas, llenas de inocencia, me hacen sonreír. Es muy lindo ver que buena parte de esa adolescente no se ha perdido, sino que se ha transformado y potenciado. Me llena el corazón reconocerme en ella, saber que muchos de sus valores permanecen y que el paso del tiempo y las vivencias, que a menudo pueden ser agresivas, han dejado impoluta mi fe en la humanidad. La versión de mis 20s era mucho más apasionada e impulsiva. Las piezas de esa época eran una avalancha de emociones. Tenía una facilidad enorme para poner punto final a las situaciones. Esa joven podía llegar a ser abrupta… y vaya que tenía opiniones. Y no es que ahora no sea emocional o que ...

Oda a la Música

Qué poder tan especial tiene la música. Siempre he sentido una conexión profunda con ella; me mueve en lo más hondo de mi ser, como si me tocara físicamente el corazón, dejándome rebosante y plena. Es un catalizador poderoso de mi creatividad. Me acompaña cuando trabajo, cuando estudio y cuando escribo. Eleva mi enfoque. Es ese maravilloso superpoder de estrechar fronteras y conectarnos desde los cimientos de nuestra esencia más fundamental. La música tiene el poder de transformar: De conectarte con la huidiza musa. De rozarte la piel como un amante y hacer que te erices. De susurrarte al oído y convertirse en un marshmallow que endulza tu día. De traspasar tu corazón con flechas y hacerte explotar en el más sublime y honesto llanto. De elevarte a las alturas y hacer que casi sientas el calor del sol en la piel, pero también de llevarte a un paseo por el frío inframundo. La única exigencia que tiene este humilde arte para atravesarte es que seas humano; a partir de ahí, el trabajo está...

Versiones que se fueron

¿Has sentido alguna vez un vacío en el pecho? De esos que se hunden hasta lo profundo de tu ser. Que te taladran y nada tienen que ver con el placer. No son más que la colección de historias sin cerrar. Habitan en mi cabeza trozos de mí y de ti, rostros, historias. Algo se escapa cuando alguien parte. No se trata sólo de la ausencia, sino del impedimento de seguir tejiendo memoria. También algo muere en ti. Ya no existe la persona que eras cuando compartías esos regalos de tiempo. Duele. Sí que duele. Te desarma. Te rompe. Tiempo, oh, el tiempo. Retazos de instantes que ya no volverán. Ya no soy la misma. Ya no eres el mismo. Esas viejas versiones se esfumaron. Tiempo, oh, el tiempo. Sanador y bondadoso, pero también testigo del paso de la vida y de este cuerpo que, segundo a segundo, se nos pierde.

Verbo en pretérito

Te saludo, sensei. Eres el mayor maestro que he tenido en mi vida. A través de ti vi partes de mí que había enterrado. Reflejaste patrones por cambiar. Me rompí en mil pedazos, y hay piezas que se perdieron. Otras se reacomodaron y otras simplemente ya no calzan. Pero hoy este rompecabezas tiene más sentido gracias a ti. Oh, sensei… ¡sí que dolió! Pero hay dolores necesarios. El carbón requiere presión para convertirse en diamante. A través de ti aprendí a amar desde la pasión insaciable: desde el hambre de tenerte en mis brazos y fundirnos en uno; aprendí que un beso puede ser una explosión de sensaciones. Me enseñaste a amar incluso mis sombras. A través de las grietas ya se ve la luz. Como en el arte nipón del kintsugi, es hora de poner oro en las grietas. Me estoy reconstruyendo en una nueva mujer, y la estoy amando intensamente, como sólo yo sé amar. Así que, gracias. Ya cumpliste tu propósito en mi vida. Ya no hay más lágrimas, más llamadas furtivas. Ya no hay más encuentros sedi...

La alquimia de mis ancestros

Hoy tengo la necesidad infinita de honrar la herencia de mis ancestros, quienes sentaron las bases para que me convirtiera en la mujer que soy. Es increíble reconocer, con tanta claridad, las trazas de mi mamá y mi papá en la identidad que he construido con dedicación, con lectura y, por qué no, con mucha terapia. De mi mamá atesoro: la sensibilidad, la palabra amable, el toque suave, el lenguaje del amor hecho de afirmaciones, la conexión con ése "algo" superior, y esa necesidad casi instintiva de poner curitas en el alma de quienes amo. De mi papá guardo: la ética de trabajo, el sentido del humor, ahora en versión reloaded , porque se volvió mi mecanismo favorito para sobrellevar la vida, la mente ágil, el carácter, y la capacidad de trazar límites. Soy la suma de muchas de sus partes, más mi propia magia. Después de todo, cada generación tiene la oportunidad de expandir lo que recibió. Y hoy lo acepto con amor, con lágrimas en los ojos y una sonrisa de infinita compasión.

El Renacer de Mi Voz

Después de muchos años sin escribir, estoy de alguna manera reconectando con esa voz interior que quiere expresarse. He estado entretenida escribiendo de otras formas. Nunca he podido abandonar del todo esta pasión, pero por mucho tiempo me sentí saciada a través de otros canales: el mensaje bonito que redacto en el cumpleaños de alguien especial, la inspiración de un reporte lleno de detalles, o las entradas que escribo para drenar algún sentimiento. Mi voz ya no es la misma. Ha perdido piezas y ganado tantas otras. Si crees que la carga de esta afirmación proviene de la nostalgia de quien se siente roto, estás completamente equivocado. Esta afirmación está llena de la certeza de que he evolucionado. Hay un placer enorme en verte al espejo y saberte completa. Ahora mi voz es más compasiva: no solo con quienes me rodean, sino también conmigo misma. Hoy creo en mí de un modo que antes ni siquiera podía imaginar. Abandoné muchas creencias limitantes y me adherí a otras tantas que me cons...