Una llave tintineando.
Abro la puerta
y empieza el ritual.
Saludo a mis bebés peludos.
Me quito los zapatos.
Estoy en mi lugar seguro.
Mi casa no es un edificio.
No es una estructura.
Se acerca más a un templo.
Un lugar donde las ceremonias tienen olor a café.
Tienen maullidos y ronroneos.
Tienen una colita perruna moviéndose de felicidad.
Desde mi ventana se ve la majestuosidad del más puro verde.
Entra luz.
Se refleja en el piso.
El reposo y la acción consciente
coexisten bajo estas paredes.
Tiene libros.
Se escucha el trinar de las aves.
Es una mezcla de lo natural con lo arquitectónico.
El aire se llena de 963 Hz.
Me conecto con lo divino.
La luz de una vela ilumina etérea.
Sonrío.
Estoy bendecida.
Soy abundante.
Estoy en paz.
Volví a mí.
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