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Quid Pro Quo

La ley del “algo por algo” no se trata de un egoísmo sin límites. Es, más bien, el acto de amarse lo suficiente como para medir las cuotas de lo que damos. ¿De qué sirve entregar afecto si al otro lado solo encuentras una pared? Es cierto que hay personas que no saben demostrar lo que sienten… pero también es verdad que, en muchos casos, simplemente no quieren hacerlo. Del mismo modo, si alguien te colma de detalles, responde. La reciprocidad es fundamental cuando se trata de cariño. ¿Para qué arrojar las perlas de tu atención a personas que no se lo han ganado? La fórmula es sencilla: Da sin medida… hasta que te demuestren lo contrario. Si no existe una respuesta proporcional, hay que ser realista: estás desperdiciando tu afecto en alguien que no lo merece. Es el eterno problema de atención que acecha a la humanidad: no miramos a nuestro alrededor, jamás. Hay que aprender a valorar los detalles y responder a ellos, porque es una práctica que está, peligrosamente, en decadencia.

Las Batallas contra la Naturaleza Propia

Las batallas más atemorizantes son las que libramos contra nosotros mismos. Aquellas en las que sentimos la urgencia de hacer cambios internos, desde la raíz, desde la propia esencia. Cuando el entorno te obliga a desplazar tu naturaleza para poder sobrevivir, ahí aparece la verdadera disyuntiva: ¿seguir por el camino de siempre o arrancar de nuestra vida las actitudes que ya no funcionan? Las grandes transformaciones siguen el mismo sentido: de lo interno a lo externo. Todo empieza cuando intuyes que una forma de ser ya no te sirve, que te estanca, que te limita. En mi visión de vida, si no te contribuye, entonces tíralo. Incluso si es una parte de ti misma. Afortunadamente, la perfección es impropia del ser humano; de lo contrario, la existencia sería insoportablemente aburrida. Lo maravilloso de ser falible es la posibilidad de redescubrirte. Reinventarte. Crear una versión beta. una actualización de tu YO, y sorprenderte al ver cómo el entorno empieza a transformarse gracias a ese ...

La gran NADA

Hoy es uno de esos días en los que las marañas de la mente te atrapan y te consumen. Afortunadamente, no es lo habitual. Pero hoy… todo se ve gris. Como en Pleasantville , necesito una descarga de technicolor , algo distinto que rompa esta sensación monocromática. No puedo decir que la rutina me consuma, porque en los últimos tiempos cada día ha sido un regalo, algo extraordinario. Y aun así, persiste la ausencia de esa pieza faltante de la que ya he hablado. Hoy es uno de esos días en los que le cedes espacio a la parte oscura porque se ha hecho fuerte. Hoy no hay sonrisas, solo una mirada vacía, porque es lo que habita en mí: una gran sensación de nada . Como en La historia sin fin , la Nada devora la magia y la imaginación de todo el escenario. Hoy dejo de ser yo, porque estoy hastiada…

La aventura del Kingda Ka

Las emociones, y las relaciones en general, son como una aventura en el Kingda Ka de New Jersey: un altibajo vertiginoso de sensaciones que convierte cada decisión en una montaña rusa. La mayoría somos adictos a la adrenalina que aguarda al llegar a la cúspide. Pero la subida, ese tramo que exige tracción extra y el esfuerzo conjunto de todos los mecanismos, suele ser la parte menos atractiva. El sabor de lo nuevo siempre es exquisito y tiene el poder de acelerar el pulso. Pero la magia de lo perdurable está en encontrarle, cada día, un nuevo matiz.

Pieza Faltante

Y aquí estoy de nuevo, con un vacío en el pecho y la inquietante sensación de que algo me falta. No tiene un nombre específico… más bien un nombre genérico. Como un medicamento necesario que todo el mundo busca y siempre está en escasez. No se trata del calor humano ordinario, efímero y ruidoso. Es ese sentimiento profundo de ser vista sin necesidad de pronunciar palabra. Ese raro instante en el que alguien logra atravesar tu superficie y leer lo que vibra detrás del silencio. Quiero tener a alguien con quien desnudarme, no de prendas, sino desde el alma.

Un salto al vacío

Es cuestión de arriesgarse a brincar, sin mirar atrás, sin prejuicios ni ideas preempacadas. Al final, no es más que una lotería… puro azar. Puede que sí, puede que no… ¿pero cómo lo sabrías si no te lanzas? Es una historia de adrenalina: las respuestas no las tienes, y, la verdad, en este punto ni conviene tenerlas. Aquí estoy, dando un salto al vacío como un crío que sigue el desafío que el destino puso en su camino. ¿Amigo o enemigo? Prefiero no saberlo. Porque, al final, esta historia no es del todo mía: es prestada, adaptada, como un guion improvisado o un cover de alguna canción. No me pertenezco del todo. No es una decisión unilateral; el albedrío se disuelve cuando lo que ocurre no depende solo de mí. ¿A quién engaño? Tengo miedo. Un frío intenso recorre mi cuerpo y me amarra las entrañas. ¿Cómo se sale de esta maraña? Ni siquiera sé cómo llegué hasta aquí. ¿Divertido? Lo es, sin duda, sin pensarlo demasiado. Es un riesgo que se toma cerrando los ojos y probando una vez más. Aq...

Nuestra naturaleza se rebela

Entre lo bélico y lo caótico nos encontramos hoy. La fuerza de la naturaleza se rebela contra sus principales agresores y, mientras tanto, el mundo sigue girando, ajeno a la cantidad de lágrimas, sudor y sangre derramados. Es cierto que no somos responsables directos de los arrebatos de una naturaleza caprichosa, pero tampoco podemos negar que su furia se ve amplificada por el propio afán del Homo sapiens por moldear el mundo a su antojo. Siempre he pensado que los humanos somos como un virus que se expande e infecta todo lo que toca. No puedo evitar sentir empatía por el sufrimiento, es inevitable para cualquier ser medianamente sensible, pero lo que más me invade es una inconmensurable lástima por la estupidez humana.